sábado, 6 de septiembre de 2008

LA SOLEDAD



La soledad adquiere diversas características según el protagonismo que cada individuo le da. Pasa de la maravillosa experiencia de la contemplación de la naturaleza, en el disfrutar de los sonidos como la música, el canto de los pájaros o de los grillos, del rumor del mar o de la brisa cuando atraviesa las hojas de los árboles; a la fría y densa carga de estar solo, de cargar sobre las espaldas alguna ausencia importante, de no poder compartir sentimientos, de sufrir el vacío del desamparo.

Desde la soledad como elección de vida hasta la impuesta por crueles circunstancias, existen una infinidad de estados intermedios que, cuando más se alejan de la primera instancia, se tornan cada vez más agobiantes, hasta convertirse en dolor, en tristeza, en encontrar la muerte del deseo, de las expectativas, de las esperanzas, de los anhelos; de hallarse rodeado de la desdicha sin consuelo posible.

Es en ese estado cuando la soledad desdibujó el sendero que antes había trazado ese ser, y la belleza del entorno o el más dulce de los sonidos, quedan ocultos en una densa y pesada niebla, en la penumbra total del alma que padece la ausencia de afectos de quienes antes había amado, en la incomunicación con quienes antes eran motivos de alegrías; es ahí cuando las heridas sangran, duelen, martirizan, y ya es tarde para el regreso por propios medios.

Pero no solo la soledad individual destruye sueños, proyectos, metas, horizontes; sino también la soledad colectiva lo hace cuando se apodera de los marginados, de los desamparados, de los olvidados por los gobiernos de turnos, por los funcionarios insensibles que pese a ocupar cargos en áreas específicas, desoyen los reclamos y evaden las responsabilidades que les competen, amparados en la seguridad que les brinda las abultadas sumas de dinero, que día a día, engrosan vilmente sus cuentas bancarias.

Mientras, el pueblo sufre solo, impotente, angustiado, sin la posibilidad de cambiar el rumbo de sus destinos, sin alimentos, sin abrigos en los inviernos y abrasados por el sol del verano bajo las precarias chapas de sus refugios; sin medicinas, sin educación para sus hijos. La soledad colectiva e impuesta por las circunstancias, también sumerge en el dolor a los individuos, a la tristeza profunda por la impotencia, a la muerte de los sentimientos aún en vida.

¡Qué vacío siente un ser envuelto en la soledad! ¡Qué difícil se le hace despertar cada día y más aún ponerse en movimiento para conseguir el mínimo sustento diario para su familia! La soledad lo paraliza, lo deja sin fuerzas, sin ganas, sin deseos. No mira más allá de sus pies y no le encuentra sentido a sus pasos, sabe que mientras avanza el día, él retrocede, que en la medida que el mundo gira, él se encuentra detenido, cuando todo asciende él se sumerge.
Sufre sobre sus hombros el peso de no contar con nadie a su lado que le tome una mano y le muestra que hay un camino, una salida, una esperanza; que ya no está solo, que ha comenzado un nuevo y auténtico día.


Luis Oscar Tolosa

sábado, 30 de agosto de 2008

SEIS WHISKYS, UN TANGO Y SEXO PAGO




“Lastima bandoneón mi corazon/tu ronca maldición maleva tu lágrima de ron me lleva/ hacia el hondo bajo fondo/ donde el barro se subleva”. La voz del “Polaco” Roberto Goyeneche y la música de Aníbal Troilo acarician con el tango "La última curda", los oídos de los presentes en el pequeño café del centro. La noche ha comenzado hace apenas cuatro horas, cinco mesas está ocupadas por parejas, todos mayores de cuarenta años. Sólo un lugar, el que da al ventanal de la cuesta, es el que ocupar un señor solitario, de más de cincuenta, con la tristeza marcada en su rostro y en la necesidad de apagarla en el alcohol del quinto whisky. Fuma, enciende un cigarrillo ni bien aplastó la colilla del anterior. Mira hacia el amplio boulevard poblado de glicinas, pinos y tilos. Las luces de la fuente del centro de la plaza lo atrapan con el colorido danzante del agua que se eleva unos cuatro metros y desciende en una fina lluvia hacia la figura central, dos grandes manos y la paloma de la paz entre ellas.

“Ya se, no me digas, tenés razón/ la vida es una herida absurda/ y es todo, todo tan fugaz/ que es una curda nada más/ mi confesión”, continúa el “Polaco”. El hombre bebe el whisky, piensa en su propia vida, en lo absurda que ha sido cuando evalúa el pasado y asiente con la cabeza, como si hablara con el mismo Polaco sentado enfrente, por momentos pediría una copa para que beba ese hombre de voz y decir tan particular que tuvo el tango. Bebe y mira la calle, afuera hace frío y la ciudad ha comenzado ha perder el ritmo de horas atrás. “Contame tu condena/ decime tu fracaso/ no ves la pena que me ha herido? Y hablame simplemente de aquel amor ausente/ tras un retazo del olvido”. La voz del Polaco lo conmueve, sufre por el amor ausente y siente que él es un retazo del olvido al no haber recibido un solo mensaje de quien lo era todo días atrás.

“Yo se que me hace daño/ yo se que te lastima/ llorando mi sermón de vino/ pero es el viejo amor/ que tiembla bandoneón/ y busca en un licor que aturda/ la curda que al final/ termine la función/ corriéndole un telón al corazón”. ¿Es eso lo que él busca? ¿Es apagar el dolor en el alcohol el dolor que le oprime el pecho y hace que sus sueños sean un lamento del alma?
Bebe…, bebe fuma y piensa…, sus ojos se humedecen; baja el vaso vacío de sus labios, el hielo golpea el fondo y sin depositarlo en la mesa le hace una señal al mozo para que le sirva otro whisky, mientras la voz del Polaco Goyeneche y el bandoneón de “Pichuco” le endulza los oídos y le golpea lo más profundo de sus sentimientos.

“Un poco de recuerdo y sinsabor/ gotea tu rezongo lerdo/ marea tu licor y arrea la tropilla de la zurda/ al volcar la ultima curda”. Sabe que no será la última, que deberá emborracharse cada noche para olvidar el olvido de una insensible mujer. “Cerrame el ventanal/ que arrastra el sol/ su lento caracol de sueño/ no ves que vengo de un país/ que está de olvido siempre gris/ tras el alcohol”, finalizó el Polaco y Pichuco; sintió el vacío de la soledad. Llamó al mozo una vez más, ahora para abonar la consumición; se levantó, pagó y le dijo al hombre que lo había atendido un par de horas y que no lo entendió demasiado: “La vida es una herida absurda…”.

Caminó las tres cuadras que lo separaban de su departamento, se detuvo en el kiosco de la esquina, compró preservativos; subió por el ascensor al cuarto piso, entró, encendió la luz y vio sobre el mueble el retrato de la mujer que le rompió el corazón y causante de su embriaguez…, lo quitó de allí y lo guardó en un cajón. Sacó su teléfono celular, buscó en sus contactos…: Griselda, María José, Liliana, Verónica, Cecilia, Miriam…, la lista era larga…, se detuvo en un nombre, nada especial. Llamó y acordó con ella el encuentro. Miró el reloj y esperó a la mujer que por dos horas lo haría sentir un hombre, por sólo un billete fuerte…, luego todo volvería a ser igual.

Luis Oscar Tolosa

¡RAJEN, HOY ESTOY CON LA DEPRE...!



¡Hola!, ¿cómo les va?, ¿bien?, me alegro mucho. Es muy bueno estar con gente que le va bien porque eso contagia, los que tenemos uno de esos días nostálgicos necesitamos de amigos que nos carguen de energías, y yo estoy en esa situación.
Sucede que desde hace un tiempo me suceden contratiempos, y aunque los sorteo, no deja de producirme un decaimiento anímico, o un “bajón”…, como decimos de manera coloquial. Por suerte esos tropiezos son todos subsanables, sólo hay que obrar con paciencia y una gran fuerza de voluntad, o mucha fe, como la que tengo siempre.

Hoy me he sentado frente a mi amiga, la “compu”, de la que hablé páginas atrás, para contar mi estado anímico, nada más. No he bosquejado nada, sólo me planté frente a la pantalla en blanco, virgen de vocablos, para volcar en ella mis deseos de conversar con alguien.
Por este motivo te agradezco que estés aquí, que me mires a los ojos y me escuches. Y estoy muy agradecido con vos porque en la época en que vivimos es muy poca la gente que sabe escuchar. De ellas hay que rescatar a quienes quieren escuchar, porque es más sencillo dar media vuelta y continuar el camino con un: “nos vemos…”, y aquí quedamos quienes necesitamos un oído. Este fenómeno tecnológico-comunicacional que es el blog permite que alguien tal vez nos escuche, o no; pero al menos quienes escribimos en ellos podemos hacer “catarsis”. Después está en vos que te quedes o pases a otra página. Hoy tengo ganas de hablar con alguien, por eso me he sentado aquí, con el mate a mi lado, esa energizante infusión tan nuestra, tan argentina, uruguaya, paraguaya y también brasilera.

No hay nada peor que la persona en quien depositás toda tu confianza un día te “faye”, se aleje sin dar explicaciones, se pierda en la distancia y en el tiempo sin decirte… “hasta acá llegamos…”, así de simple. Menos aún es entendible que, viendo que se acercaba el final, uno se anticipe y pregunta…, y la respuesta sea: “está todo bien, si algo cambiara te lo diría…” Sin embargo no ha sido así. ¿Es tan difícil ser sincero?, estoy seguro que no, al menos cuando se trata de algo simple como es el fin de una relación prolongada. Hoy siento el dolor del desamor, de la incomprensión, de la indiferencia, la misma de meses atrás…, pero creí en palabras…¡claro, faltaban los hechos!

¿Tomás dulce o amargo?, bien, seguimos con los mates dulces…, es viejo lo de “para amarga, demasiado con la vida”, que decían nuestros viejos. En fin, creo que los años se me han caído encima y por eso todo pesa mucho más que antes. ¿Habrá llegado el fin de una prolongada sucesión de amores frustrados?, sin dudas que he fallado demasiado veces, sino estaría casado…, ¿casado?, humm…, bueno, tal vez en pareja, como estuve algunos años. Creo que estoy dramatizando demasiado, si no vivo en pareja es porque en un principio escapé a todo compromiso, y ahora porque no estoy en las mejores condiciones, no dispongo del tiempo que hay que dedicarle a una familia, o al menos a una mujer con la que se comparte la vida.

¿Estaré hablando boludeces?, tal vez, no será la primera vez que lo hago, ni la última, pero creo que me quejo porque hoy tengo un día nostálgico. Debe ser el famoso “viejaso” que nos agarra después de los cincuenta. En realidad no está todo tan mal…, te contaría algo más…, pero no puedo…, tal vez otro día, cuando no haya tanta gente alrededor nuestro. Lo único que te puedo decir es que me causó una enorme alegría y hoy espero que me llame cada día, o tomemos un café cada tanto…
Ahora te dejo, tengo que preparar el bolso para viajar a San Luis mañana, tenemos una nueva carrera de Turismo Carretera y eso me hace muy feliz, tan feliz que por cuatro días olvidaré la incomprensión y la indiferencia en la que me sumergió la mujer que amaba…
¡Che!, disculpame que te tiré todo esto, sucede que es un “garrón”, ¿viste?, te juro que a las minas no las entiendo.., ¡después dicen que nosotros somos jodidos….!, pese a todo esto…, ¡no hay ser más lindo y maravilloso que las mujeres! Un beso a todas ellas, y a ustedes, les agradezco que hayan compartido conmigo estos mates, les prometo que la próxima vez que nos encontremos estaré de mejor ánimo.
¡Hasta todo momento!, un gran abrazo…, el lunes vuelvo.

Luis Oscar Tolosa

EL HOMBRE DE POCAS PALABRAS



Cuando el hombre alto de tez morena y prominentes bigotes, vestido de traje y sombrero gris, oculto tras los grandes anteojos para sol, ingresó a la oficina; la mujer detrás del escritorio sonrió en un principio y lo miró con asombro unos segundos más tarde. El, sin hablar, extrajo de su cintura la Browning 9 mm., apuntó a la frente de quien por ocho años fue su compañera y disparó. Mónica no tuvo tiempo de nada, no gritó, no habló ni lanzó gemido alguno, sólo dio su último respiro. El giró sobre sus talones y salió del lugar como entro, sin hablar. Rogelio Rojas es hombre de pocas palabras.

Buscado por todos los rincones de la tierra hasta por INTERPOL, excepto donde él se refugió a vender marihuana y algún otro estupefaciente, quedó envuelto en las sobras, se lo tragó la noche, lo cubrió el silencio en algún oscuro agujero de los tugurios de una gran villa miseria, donde los más peligrosos asesinos están protegidos por el anonimato de cinco millones de seres que, muchos carecen de documentos, y si los tienen son falsos. También el suyo. Nada dejó en su retirada, nada encontró la policía en el inquilinato donde vivía, ni una carta, ni un indicio. Rogelio Rojas es hombre de pocas palabras.

Con la cabeza rapada y sin bigotes, el hombre que ahora viste ropa deportiva y zapatillas caras, concreta los negocios con las decenas de jóvenes y no tanto que se acercan para comprarle drogas en una peligrosa y muy angosta esquina del andurrial. Allí nadie trabaja en algo limpio, todos comercializan objetos robados, incluso los mercados que venden alimentos sustraídos de algún camión por los “piratas del asfalto”. Allí, rodeado de casas de precario materiales y construcciones improvisadas, muchas de ellas de cartón y chapas o lonas, él indica el precio con los dedos de las manos, y asiente o niega con movimientos de cabeza. Ni una palabra, nada, Rogelio Rojas es hombre de pocas palabras.

Los días pasaron, también los meses y algunos años, hasta que se paró frente a un espejo que colgaba de un clavo insertado en la madera de la pared de su casilla. Miró fijo el rostro que tenía enfrente y se preguntó porqué había matado a la mujer que amaba. El rostro del espejo no le respondió, sólo le devolvió unas muecas que imaginó partida de su misma persona. ¿Habrá sido porque ella no respondió a una pregunta sobre si le era infiel? El rostro del espejo continuó con la misma indiferencia que la mujer en cuestión. Miró el espejo por varios minutos, el rostro de enfrente le devolvió la mira dura y sostenido durante ese mismo lapso. Con un movimiento rápido extrajo de su cintura la Browning 9 mm., y apuntó a su sien derecha, el rostro del espejo lo imitó, y sin aguardar un instante más, sin preguntar nada más, ni añadir comentario alguno…, disparó. Cayó en silencio, sin gritar, sin gemir ni siquiera suspirar…, Rogelio Rojas era hombre de pocas palabras.


Luis Oscar Tolosa

¡CHÉ, TENGO ALGO PARA CONTARTE...!



Hay días en los que uno se pone reflexivo, mira hacia la nada y recorre con la mente hechos que han sido importantes en la vida, sea por que dejaron un lindo recuerdo, o algo ingrato. Por lo general no nos ponemos reflexivos por acontecimientos intrascendentes, al menos para cada uno de nosotros. Porque tampoco hay que creer que lo sublime para nuestra trayectoria en la vida terrenal, puede ser una perfecta pelotudez para el resto de los humanos..., ¡como casi siempre sucede!

Por esta razón es un espacio excelente un blog, podemos escribir nuestras boludeces y a lo sumo recibiremos algún comentario que podemos ignorar, o bien responder, queda a nuestro criterio. Pero no exigimos a nadie que preste atención a lo que nos ocurre, o como siempre sucede, a lo que queremos contar.
Es muy distinto decirle a un amigo: ¡Ché, tengo algo para contarte!, vos sabés que salí con tal mina y me dijo...., y le dije...
Nuestro amigo pone cara de interesado algunos minutos, luego quiere salir a la gran carrera y alejarse de nosotros todo lo que sus pulmones soporten. Y sin mirar hacia atrás..., por si acaso nosotros insistimos en contarle y corremos detrás de él.

Pero un blog es diferente. Podemos contar las estupideces más grandes y a lo sumo alguien perdió unos segundos en leer las primeras líneas. Nada más. Y a quienes sufrimos ese inmenso interés por contar algo que nos haya sucedido, ese escape de la página no nos afecta..., porque no lo vemos. Mientras nos explayamos en sufrimientos, lágrimas, penas de amores que nos han dejado destrozado el corazón. Cuernos que duele como si en vez de salirnos nos hubiese atravesado el pecho. O momentos felices por algún encuentro, reencuentros con amores lejanos que siempre aumentas las expectativas. O tal vez algún levante, de los que los hombres creemos que lo hacemos nosotros y lo contamos como una obra maestra de un perfecto galán..., cuando en realidad son las minas las que nos levantan a nosotros.

En fin, gracias a los blog podemos expresar al mundo entero nuestros desconsuelos y también la felicidad que nos rodea, sin que nadie escape de nuestro lado a la manera que lo hacen los grandes atletas. Porque no hay nada más insoportable que la persona que insiste en contarnos algo que a nosotros no nos interesa en absoluto…, pero el sigue: “¡Escuchá esto…!”, “¡Pará que te cuento…!”, “¡Sabés qué me dijo la mina…!”….
Lo único que nos queda es decirle…¡Me lo contás otro día, porque pierdo el ómnibus!, como le dije a uno un día empujado por la costumbre ciudadana y no tuve en cuenta que estaba en un alejado lugar por donde pasaba uno por día…, y lo había hecho cuatro horas atrás.
Disculpen ustedes si los hice llegar hasta aquí, pero pudieron habérselas tomado con algún pretexto…, total…, en los blog, podemos escapar sin dejar rastros. Gracias por soportarme este rato, tenía ganas de hablar con alguno de ustedes…

Hasta todo momento:

Luis.

Luis Oscar Tolosa

CUANDO SUEÑO CON MUJERES



Soy de los que sueñan todas las noches, y digo esto sin constatar si es algo normal y le sucede a todas las personas. Supongo que si. Además el sueño como expresión onírica tiene sus particularidades, por ejemplo, a mi me sucede que cuando sueño con alguna mujer que me gusta en la vida real; cuando despierto me enamoro de manera inmediata de ella y ese estado me dura una semana al menos.

No soy de tener pesadillas, hace muchos años que no las tengo, y me alegro por ello porque no es agradable escapar de la boca amenazante de una serpiente, o de las garras de una fiera, o caer al vacío…, aunque despiertes antes que te atrapen o te hagas puré contra el suelo.

Tampoco soy de los que sueñan escenas eróticas fuertes, de esas que te llevan a consultar el rubro 54 de los periódicos y solicitar la atención de las mujeres que allí la ofrecen. Soy de los soñadores románticos, por eso cuando despierto estoy perdidamente enamorado y no caliente, que sería más complicado.

Nunca sueño con la mujer que es mi pareja en ese momento. Sólo sueño con ella cuando ha pasado varios meses o tal vez años de nuestra ruptura. No se porqué, pero es así. Y también es un problema, porque cuando despierto estoy enamorado de otra mujer y no de quien estaba hasta el momento de quedarme dormido. Por tal motivo paso de manera inmediata y por un tiempo a ser un hombre infiel.

Así han pasado los años y he soñado con centenares de mujeres de las que estuve enamorado una semana y luego, por razones obvias, tuve que perder ese estado maravilloso ante la nula respuesta de la otra persona, ¡que es obvio!, porque nunca se enteró del amor que por ella sentí durante esa semana.

Dije que también sueño con mujeres que han sido mi pareja, y por supuesto que también me sucede lo del enamoramiento de una semana. Aunque la ruptura haya sido conflictiva, luego de haber soñado con ella volvería a estar a su lado…, ¡claro que ella no!, por eso nunca sucedió aunque luego les haya dicho: “Anoche soñé con vos…”, y me haya quedado a la espera de una respuesta del orden de:….¿Ah, si?, ¡qué lindo!, ¿Y…qué soñaste conmigo…?, y a partir de entonces comenzar a contarle lo que en realidad soñé y algo más que le inventaría con mucho gusto para adornar el sueño y que vuelva a darme pelota… Pero no es así. Nunca ninguna me preguntó que soñé con ella. Siempre salieron con otro tema….

También me pongo a pensar qué soñará la mujer que duerme a mi lado, y supongo que si es como yo…, conmigo no sueña, seguro.
Y si no sueña conmigo, y esto lo digo pero por favor, no lo tomen como algo que les puede suceder a ustedes…, si no sueña conmigo…, ¡sueña con otro hombre!, por lo que de una cierta manera, mientras dormimos somos unos cornudos, y lo que es peor…¡jah!, cuando se despierta…¡Ella sigue enamorada del tipo con el que soñó!
¿Será por eso que muchas veces le preguntamos…¿Qué te sucede?, y ella con aire evasivo responde:…Nada, no me sucede nada…, me duele un poco la cabeza, nada más.

¡Hasta el próximo sueño!



Luis Oscar Tolosa

LA SIEMPRE DESEADA MUJER DE UN AMIGO




Hace quince años que nos conocemos, desde que ella tenía veinte y se hizo de novio con uno de mis amigos. Es una morocha re-fuerte, de ojos verdes, esos que me quitan el sueño; divina, simpática, tiene un rostro perfecto, un cuerpo de los que parecen diseñados en un tablero de dibujo del mejor arquitecto, o mediante un ordenador como en las películas. Es de esas minas que tienen algo más que huesos, mejor que las modelos que son tan delgadas que deben acudir a las siliconas para rellenar partes anatómicas. Esta no, las tetas son de ella, naturales, redondas, paradas, pulposa. Los glúteos son firmes, duros, ¡pura fibra! Claro, acude todos los días al gimnasio, corre diez kilómetros y…, es lógico, ¡es profesora de educación física!

Cuando hemos quedado solos y sin que ella lo perciba, he acariciado con la mirada lo que estaba prohibido para las manos, más aún para la lengua. La imaginación volaba y con ella también yo. Hemos cruzado miradas sostenidas, de esas que agitan el corazón, aceleran sus latidos, y tiñen de rubor las mejillas con el calor que recorre el cuerpo dentro del torrente sanguíneo. Siempre fui yo quien desvió la mirada y acometió con algún tema trivial para salir del embarazoso momento. Cuando estoy sólo con su marido, a él lo siento un amigo, pero si también está ella todo cambia, los celos me mortifican…, aunque logro dominarlos y puedo hablar sin que la mirada se quede en esos ojos verdes o en su escote profundo.

Muchas veces la noté provocativa al estar solos. Sabe que me conmueve, supongo que lo lee en mi mirada. Lo disfruta, le gusta sentirse atractiva y admirada, mucho más deseada. Es de las mujeres que desvían hacia ella los ojos de los hombres con sus pasos felinos, su contoneo de las caderas, y sus cabellos sueltos por debajo de los hombros. Su marido se siente un elegido, un envidiado, un privilegiado que se acuesta cada noche con la mujer con la que nosotros sólo soñamos.
En la mesa del bar, lugar de reunión de la barra de amigos, muchas veces salió el tema de ella.
_Se la coge el flaco Antúnez, el kinesiólogo del club Independiente_ dijo el gallego García como al pasar, y agregó_ ¡Qué hijo de puta…, quién pudiera…!
_El que se la coge, me dijeron, es el ruso Januvovich, el de la relojería_ Tiró el Tito…y agregó: ¡El que sea…, qué hijos de puta!, ¡Quién pudiera estar en lugar de ellos!
_Se que se la coge un tipo de un Mercedes azul, yo la vi subir una noche_ dijo el pelado Alonso con su característico acento porteño y su dedo índice acusador como para que no queden dudas…, y agregó_ ¡Qué hijos de putas, lo buena que está! ¿Y este pelotudo del marido se cree que es un vivo bárbaro?
_¡Ché, no sean ustedes unos hijos de puta!, no se debe hablar así de un amigo y mucho menos de su mujer. ¿A ustedes les gustaría estar en el lugar de él como un cornudo?_ les reproché yo que hasta entonces nunca había emitido una opinión que vaya más allá del hecho de que la mina está buena.

Hoy fue todo distinto, la llamé por teléfono para preguntarle si estaría en su casa en media hora para llevarle el sobre de la póliza de seguros renovada. Sabía que él estaba de viaje y los chicos en la escuela. Me dijo que me esperaba.
Me hizo pasar y nos dimos un beso que me puso nervioso. La comisura derecha de sus labios se apoyó sobre la mía de la izquierda…, casi, casi un pico. De inmediato noté que no tenía puesto el corpiño al sentir sus pechos contra mi cuerpo cuando nos dimos un simple abrazo. Me retiré de inmediato, creo que me asusté. Me invitó con un café y mientras lo preparaba pude observarla de espalda. Tenía un vestido corto y traslúcido, de color durazno muy suave. Por debajo de la cintura se notaba un fino hilo de la tanga, casi imperceptible. Cuando giró con un movimiento rápido hacia mi, el vestido se abrió en el corte de la tela y mostró por una fracción de segundo sus piernas perfectas y bronceadas, como todo su cuerpo. Se dio cuenta que la miraba, y creo que fue una situación creada por ella con todo propósito. Comencé a transpirar. Le entregué el sobre con la póliza, apuré el café y anuncié mi retiro.

Se paró frente a mi y me preguntó: _¿Qué te pasa conmigo?
Balbuceé algo que no entendió, ni yo tampoco se que quise decir, y salí a la calle.
Pasó menos de un minuto cuando sonó mi teléfono.
_Te repito_ me dijo, _¿qué te pasa conmigo?
_Vení a mi casa en quince minutos y te lo explico_ le dije.
_Okey, voy para allá.
Y vino.

Acabo de cruzar la frontera de la infidelidad, de la traición, de la que no se vuelve. Me sumergí en el infierno de la pasión prohibida. La que impide de ahora en más hablar de valores.
¡Acabo de convertirme en un hijo de puta más!


Luis Oscar Tolosa

"¡TENEMOS QUE HABLAR...!"



“Tenemos que hablar” dice ella y el aire pesado del ambiente que rodea a la pareja se puede cortar en porciones, y uno piensa para si: ¡cagamos...!
Esa frase es la que el hombre no quisiera escuchar nunca, y digo el hombre porque me posiciono en este lugar que yo ocupo, y porque se da en menos porcentaje que sea el hombre quien se lo diga a su pareja, porque reacciona de manera diferente. Es más frontal y menos táctico que la mujer; es más intolerante.
“Tenemos que hablar” encierra mucho tiempo de meditación por parte de la mujer. Pasaron meses, tal vez algún par de años, o varios, para que ella tome la decisión de decirle a ese pedazo de mula que tiene enfrente, que está re-podrida de sus pelotudeces.

Y al escuchar esa frase el tipo tiembla, sabe que se le agotó el tiempo, que llegó el momento de la verdad. Ella sabe que él tiene otra y que cuando dice que va a comer un asado con los amigos de la peña, se va al telo con la mina. No tiene más excusas, se acabaron las explicaciones, porque el “Tenemos que hablar” significa tomátelas de aquí, vení a ver los chicos los fines de semana, podés llevártelos si querés, de paso me viene bien a mi así estoy tranquila con mi nueva conquista….(esto no se lo dice, lo piensa).
Pero al tipo le queda la última alternativa, el lance final: “Ahora no puedo, me voy a la oficina, ¿tan importante es?

Y allí no hay regreso, es muy importante, ella se lo dice de una vez por todas, y cuando ella se lo dice es porque ya él no le importa más, y además tiene alguien que ocupó su lugar. Los hombres tenemos incorporado el machismo desde, creo, la creación misma de la vida en el planeta. Somos nosotros y luego ellas, y cuando nos hacen saber que están en igualdad de condiciones nos duele hasta en lo más hondo. Por eso cuando ella te dice: “Tenemos que hablar”, lo mejor que podés hacer es decirle que mejor es hablar después que hayas preparado tus valijas. No hay regreso cuando ellas quieren hablar, ya está todo definido, ya lo han elaborado y han dado los primeros pasos consistentes en comenzar una nueva vida. ¡No hay regreso del “Tenemos que hablar”!, ¡No insisitas!.

Si sos de esos tipos que quieren quedarse con la última palabra…¡perdiste!, no será en esta oportunidad. Para eso deberías haber elaborado un plan estratégico, que no va con nosotros, los hombres. Somos muy boludos para manejarnos en las trampas del amor. Ellas tienen sus amantes y nosotros no nos enteramos, son sutiles, inteligentes, sigilosas, y no caen en la desesperación de mostrarse enamorada de otro tipo que no seas vos… Nosotros no, hacemos todo lo posible para que alguien nos vea y nos considere el tipo más vivo de la ciudad. Si es con una pendeja con mayor razón, y si ella es modelo, promotora o figurita de algo que la haga reconocida…¡ni hablar!

“Tenemos que hablar” significa que vos se lo contaste a tus amigos y alguno de ellos a sus mujeres y estas no callan…, alguna se lo contó y se pudrió todo. Pero vos estabas feliz porque te levantabas una linda pendeja y eras la envida del resto de los machos que se sientan el los bares del centro para recrear sus ojos. Ahora hermano, tomá tus cosas, armá tus maletas, hablá con los chicos, decile papá y mamá se han puesto de acuerdo para vivir separados, es mejor para todos, los voy a venir a buscar los fines de semana. Y chau, a otra cosa. Cuando se cierre la puerta de esa casa que habitaste con quien era tu mujer tendrás diferentes sensaciones. Una será de libertad, porque ya no tendrás que esconderte cuando salís con la pendex. Otra será de angustia porque dejás atrás gran parte de tu vida, la mitad de tus bienes, y sabés que otro ya ocupó tu lugar y ya no hay más tiempo para hablar.


Luis Oscar Tolosa

LA PEOR COMPAÑÍA ES UNO MISMO



La gente está muy loca desde hace algunos años, más aún desde que comenzó el nuevo milenio. Tiene que ver con la permanente competencia que se desata en todos los ámbitos: trabajo, profesión, expresiones artísticas, en el amor, en la conquista de aventuras, y en lo que se te ocurra. En todas las áreas existe la competencia y está potenciada por los adelantos tecnológicos y la constante y agresiva publicidad que por ellos se transmite. Tenés que poseer el último celular, el que te permite trasladar tu oficina al lugar que te encuentres, sea este un bar o una reunión de negocios. Los celulares hacen todos, ya dejaron de ser teléfonos, creo que si investigo un poco también cumplen con la función de vibradores…, no vibra-coll, no; sino como juguete sexual…

El tránsito es caótico en todas las ciudades, todos están muy ocupados, manejan y hablan por sus móviles, consultan Internet, se informan sobre la bolsa de valores en el mundo, sobre el precio de los cereales, el clima y su impacto en las cosechas del otro hemisferio. También hacen las reservas del hotel para las vacaciones, pagan con sus tarjetas por teléfono; envían mensajes de textos o fotos del lugar donde se encuentran en ese momento. Transan con algún “gato” una salida, o con sus secretarias, o con alguna mina que conoció en el último viaje. Todo sin dejar de conducir el vehículo en el que se trasladan. Tocan bocina, esquivan autos, motos, bicicletas y alguna vieja que, pobre, se encuentra que es imposible cruzar una calle sin semáforo.

En este maremágnum el hombre está conectado con todo el mundo, menos con él mismo. Se hace una costumbre el hecho de estar comunicado con quien uno quiera en cuestión de segundos, hasta se le puede ver la cara al interlocutor. Es por eso que se torna muy difícil sobrevivir en un mundo tan alocado, sin el permanente uso del celular. El hombre necesita hablar con alguien en todo momento, superarse a cada instante, acelerar cada vez más la alocada carrera hacia un triunfo permanente. Sin descanso, sin interrupciones, sin unos minutos de relax, de descanso, de relajamiento en el que les permita comunicarse con él mismo. Hacer una introspección, recorrer con la mente los pasos dados, elaborar un balance de su propia vida. Pensar en si mismo y en sus seres queridos.

El hombre no quiere quedarse a solas consigo mismo. No hay peor compañía que uno mismo. Más aún si la vida ha sido desprolija y lo que es natural…, repasar los errores para que sirvan de experiencia en los próximos pasos a dar. No es fácil admitir las equivocaciones, y mucho menos tratar de subsanarlas.
Para el hombre del siglo XXI la meditación sin nada electrónico a su lado parece imposible de conseguir. Son pocas las personas que por un mes ocupan alguna desolada playa, sin llevar consigo su teléfono móvil, sin leer los diarios, sin encender un televisor ni conectarse a Internet. Vivir esos treinta días sin sonidos que no partan de la naturaleza misma, el canto de los pájaros, silbido del viento, el de las agitadas hojas de los árboles, el rumor del mar, la lluvia, el croar de las ranas, los grillos, el graznido de los gansos, el mugido de las vacas, el balido de las ovejas o el relincho de los caballos.

Hay que intentarlo en algún momento, detenerse y meditar es prolongar la vida, tanto propia como la de terceros. Cada día hay decenas de muertos en nuestro país a raíz de los accidentes de tránsito. Los conductores del vehículo que sea, conducen en la más absoluta distracción, absorto en sus propios pensamientos que tienen que ver con la competencia en sus ámbitos. Van irritados, demuestran su mal humor al que se le cruza en su camino, al que le hace disminuir la velocidad sin tomar conciencia que él mismo ha excedido la permitida por las leyes. Putean a quienes lo rodean, que transitan en las mismas condiciones que él mismo, por eso se genera todo un círculo vicioso. ¡Paren de una vez!, ¡dejen que la competencia y miren hacia adentro!, se hace difícil estar con uno mismo, porque es uno mismo la peor compañía que uno tiene.
Pero cuando logren desenchufarse de toda la vorágine que los rodea, comprenderán que es muy necesario y reconfortante conversar con uno mismo. El mundo entero se los va a agradecer cuando desciendan los índice de violencia, de intolerancia y de incomprensión.

Luis Oscar Tolosa

sábado, 16 de febrero de 2008

EL AMOR Y EL VIENTO EN ALGO SE PARECEN




“El amor y el viento en algo se parecen” me dije para si mismo en un intento de filosofar, del modo que lo hacen los que tenemos la escuela de la calle y ni una línea leída de los grandes pensadores. Sólo con la filosofía de la gente común, de mi vecina, de mi vieja, del taxista, del colectivero, del verdulero de la esquina y del carnicero. Y como aquellos griegos que pensaron todo cuanto conocemos en la actualidad, también me senté a reflexionar, en este caso en un banco del largo espigón que penetra la laguna y es el lugar preferido de los pescadores.

Uno de ellos me preguntó:
-¿Usted va a tirar la línea?, le pregunto para no molestarnos.
_No soy pescador- le respondí- Jamás tomé una caña y sólo vengo a pescar recuerdos de viejos amores que hoy, con nostalgia, vengo a rememorar de manera íntima con mi mente- agregué con un aire de poeta devenido en pordiosero del interés ajeno.

El tipo me miró un instante con rostro de incrédulo, creo que se convenció de que soy un loco y que no valía la pena perder un instante más conmigo. Tomó su caja de anzuelos, la caña, y se alejó unos cincuenta metros. Yo me quedé observando el revolotear de las gaviotas que esperaban su desayuno provisto por los pescadores, cuando desvisceran sus presas.

Era muy temprano, apenas el sol comenzaba a teñir de rojo el horizonte al este, sobre la arboleda de freznos, eucaliptos, pinos, tilos y ceibos. Había dormido una hora y media cuando me desperté sin que pueda recobrar el sueño. Cuatro horas de desvelo fueron suficientes para leer unas pocas páginas de un libro empezado hace dos meses, las columnas de política y economía, y un repaso a las boludeces que había escrito en mi cuaderno de apuntes. Por eso estoy aquí.

Escuché las primeras noticias por radio y me levanté. El insomnio tenía como origen la excitación que me provocaba volverme a encontrar con la mujer que amé hace varios años y que no veía desde hacía tres, cuando sólo compartimos un café junto a otra gente. Hoy era diferente, estaríamos los dos solos, para mi era volver a soñar con esos ojos verdes que me impactaron al conocerla, al punto que ese mismo día me enamoré y perdura hasta hoy. Es de la única mujer que me enamoré a primera vista, y lejos de superarlo lo profundicé con el tiempo.
Es muy linda y simpática, tanto lo es que esa misma simpatía empleó cuando decidió ponerle fin a nuestra relación. Recuerdo que fueron pocas palabras y un “hasta pronto”.

“El amor y el viento se parecen”, me dije sobre el banco del espigón una vez más, para reafirmar una frase que me pareció todo un acierto filosófico dentro de las estupideces que uno piensa cuando está enamorado, y no ha leído ni una línea de tanta hermosa poesía que hay en el mundo. Hoy lamento no haberlo hecho, digo, leer poesías y filosofía, como para impactarla cuando estemos frente a frente, como para demostrarle que algo he crecido. En fin, ya es tarde, y como dice mi tía “Ñata” con su tono campechano: “Es lo que hay m´hijo”.

El viento es una brisa suave, calurosa, que nos abraza cuando estamos enamorados. Nos envuelve y acaricia, juega con nuestros cabellos, con nuestro cuerpo. Luego se va, no se sabe hacia donde, y es otro el viento, más fresco, nos da frío, nos sentimos desprotegidos. Igual que el amor, al principio es magnífico, maravilloso, uno lo disfruta a pleno; pero un día nos deja al desamparo, a la intemperie, y nos queda el recuerdo del calor recibido.
A media mañana me levanté del banco del espigón y caminé hacia mi casa, distante dos kilómetros. Una ducha y me acosté, quise dormir para que mi rostro no demuestre más años de los que tengo. Una mala noche deja a uno muy ojeroso, con los ojos enrojecidos por el sueño, y una mente adormecida que no es conveniente para un reencuentro con la mujer que uno amó y de la que espera que se lleve la mejor impresión…, por si también ella siente el mismo interés en volver a los buenos tiempos del amor en llamas.

Claro, los años no pasan en vano, me miro al espejo y comparo ese rostro que veo con el de una foto de doce años atrás. Salvo el tamaño y la forma de la nariz, del resto cambié todo. Me veo pelado, con canas, algunas arrugas en la frente, un trabajo en la dentadura aún sin finalizar, piel algo suelta debajo del mentón. ¡Qué lo parió al espejo!, ¿Quién lo habrá inventado?, si no fuera por él me sentiría mucho más seguro. Por dentro tengo la impresión de que aún conservo la fortaleza y la estética de aquellos tiempos. Sin embargo me miro y no me gusto. Creo que tampoco le gustaré a ella.

¿Será que no he dormido bien aún?, pienso, y me acuesto de nuevo para descansar algo más, como si eso ayudara a recobrar la lozanía de la juventud. Me dormí abrazado a la almohada en un intento de abrazarla a ella y que no se vaya de mi lado. ¡Es inútil!, a la media hora volvía a despertar. Estoy muy excitado, ansioso, creo que el amor es como el viento…, se fue, dio la vuelta al mundo y volvió a aparecer a mi espalda…, ¿Pero, cómo hago para retenerlo, para que no pase de largo, para que no se escape de nuevo…La vida es finita…, corta, sólo puede darnos una oportunidad más, luego será imposible que vuelva. Ni el viento que pasó, ni el amor que se alejó….


Luis Oscar Tolosa

LOS ADOLESCENTES, EL MENDIGO Y LA PALOMA



Las plazas son mis espacios preferidos para dejar que el tiempo transcurra; para meditar; para leer, escribir y soñar; o tan sólo para observar la vida que se mueve a mi alrededor, con las parejas de adolescentes, los mendigos o borrachos que duermen sobre los incómodos bancos, y las palomas que a pocos metros de comen semillas o recogen ramitas para sus nidos.
En las plazas encuentro la paz para la inspiración poética o reflexiva. Alrededor de ellas el tránsito gira en demonizado vértigo, ruidoso por los escapes sin silenciadores, bocinas que exigen mayor rapidez al entorno, chillidos de neumáticos que friccionan contra el pavimento ante la violenta exigencia del conductor.
Motos y autos son guiados por seres que parecen desencajados, intolerantes, despóticos, violentos hasta convertirse en criminales o en víctimas de sus propios arrebatos.

Dentro de las plazas todo es oposición. El mendigo duerme su siesta como si fuera infinita, aún sin sueño, sólo por dejar que el tiempo transcurra sin exigirle más sufrimiento que el que ya padece. Las parejas de adolescentes suman el marco romántico, y las palomas se acercan a uno en una clara demostración amistosa. Los pájaros cantan, silban, van de rama en rama sobre los pinos, que con sus sombras, nos resguardan del sol abrasador del mediodía.
Una paloma se acerca a menos de un metro de mi pie izquierdo; el que está apoyado sobre el suelo cuando el otro reposa sobre la rodilla opuesta, la clásica “cruzada de piernas” para apoyar el libro o el cuaderno de apuntes.

La parejita de adolescentes está sobre otro banco a unos veinte metros. Él la abraza, la besa, la acaricia, le habla. Ella sólo lo deja hacer. Responde con monosílabos, no lo abraza ni lo besa. Él se muestra malhumorado, se retira unos centímetros, espera, mira hacia mi lado, ella hacia el opuesto. El chico lo intenta de nuevo, la abraza, la besa, la acaricia. Ella está no está decidida a entregarse así nomás, sin entablar una cierta resistencia. El se levanta del banco, camina dos metros hacia donde están estacionadas sus motos de baja cilindrada, gira sobre si y le habla, gesticula, junta sus manos, implora. Ella nada. Responde un mensaje de texto. El se sienta una vez más, se repite la escena, la abraza, la besa, la acaricia…, le habla. Ella... ¡Nada!

El mendigo duerme tranquilo, no se mueve. La paloma vuelve, camina de manera rápida, busca con su pico alguna ramita para su nido. El tránsito se torna insoportable si uno le presta atención. Entre los autos que se detienen en el semáforo hay un viejo Peugeot 505 con sus cuatro vidrios bajos, un joven con el torso desnudo y una gorra con la visera hacia atrás lo conduce. Desde su interior sale con un volumen muy alto una especia de ruido que él supone que es música de boliche, pero a mi me suena a un interminable y monótono “changa, changa, changa, changa……..”
Vuelve la paloma, me mira, me ha tomado confianza, busca cerca de mis pies, encuentra otra ramita. La toma y la suelta una y otra vez hasta que encuentra el centro de gravedad que le permitirá llevarla hasta su nido sin desequilibrios. El chico, como la paloma, repite sus movimientos: Se levanta, camina, gesticula, implora, se sienta, la abraza, la besa, la acaricia…. Ella... ¡Nada!




Luis Oscar Tolosa

viernes, 26 de octubre de 2007

UN DÍA PARTIRÉ de madrugada...



Un día partiré de madrugada para que la luz del nuevo día me abrace en el camino, para que el sol me brinde la energía que gastaré en cada paso, y al llegar la noche dormiré bajo las estrellas para buscar en ellas el recuerdo de tu sonrisa. Hablaré con la luna, le contaré mis penas y luego cerraré mis ojos para encontrarte en cada sueño hasta que los pájaros me despierten con sus trinos. Escaparé de tus recuerdos a paso lento pero constantes, me detendré sólo ante las plantas en primaveras para inhalar el perfume de tu piel en sus flores y volaré en la nostalgia de los buenos tiempos. Aquellos que creí que no nos abandonarían.

Un día partiré de madrugada y no miraré atrás para no percibir en cada huella que deje que esos pasos dados no volveré a recorrerlos. Para no sentir la fuerza que me impulse al regreso y llorar en silencio la ausencia de tus besos, de las caricias que alimentaron mis deseos, de las horas en las que hablaron nuestros cuerpos. Me iré callado, sin reclamos ni reproches, me quedaré con la amarga realidad de haber sido abandonado sin un adiós, sin palabras, sin explicaciones que me digan que ha sucedido con lo nuestro.

Un día partiré de madrugada para no ver en tu rostro una mueca de desprecio, para no cruzarnos en la calle y sentir el impulso de preguntarte que hice mal sin proponérmelo. Para no pararme frente a vos y mirarte a los ojos, y que bajes la mirada para ocultar la verdad que no encuentro. Me iré para no decirte que jugaste con mis sentimientos, que pisoteaste mi amor que no ha muerto y es auténtico. Me iré para que no te sientas forzada a cruzar de vereda cuando la casualidad nos ponga en el mismo sendero y que puedas reír sin que mi tristeza te opaque algún festejo.

Un día partiré de madrugada hacia el final de mis días, caminaré en soledad y en silencio, con el dolor a cuesta, con los ojos enrojecidos por la sal de las lágrimas, con el rostro reseco por el viento, sin anhelos, con las manos vacías y el corazón enfermo. Caminaré cada minuto en busca del último paso, del final del aliento, del suspiro que eleve al cielo mi pensamiento. En ese hálito de vida irá mi ser hacia los brazos de Dios para que el me juzgue y me perdone por mis malos pasos en la tierra. Moriré con una oración en los labios y tu rostro feliz, el que recuerde en lo que quede de mi mente.

Luis Oscar Tolosa

sábado, 25 de agosto de 2007

DEL AMOR INTENSO A LA MORTAL INDIFERENCIA




El hombre de rostro duro y surcado por las arrugas del tiempo, de mirada cansada, de cabellos canosos, de traje negro, se sentó frente al ventanal del oscuro bar de construcción centenaria aunque refaccionado pocos años atrás, respetando su estilo de principios del siglo pasado. Afuera la fina llovizna le daba un triste color gris a la gran plaza central y a los edificios de varios pisos que se alzan en el centro de la ciudad. Es casi las cuatro de la tarde y la gente apura el paso bajo sus paraguas, y los autos transitan con precaución por el amplio y arbolado boulevard.

Por el vidrio de la gran ventana las gotas de lluvias realizan un serpenteante recorrido en descenso, y dejan tras de si un sinuoso camino que el hombre de rostro duro compara con su pasado. Pidió un café doble, cargado y una caña dulce. Encendió el último “Gitanes” de un paquete abierto ocho horas atrás. Apretó con fuerzas la etiqueta vacía con su mano callosa, rústica, de gruesos dedos que denotan el duro trabajo en el campo en sus años jóvenes. Abrió la mano y creyó ver en ese estrujado envase a su marchito corazón, y pensó que con la misma fuerza lo habían apretado los desamores de las mujeres que transitaron por su vida.

Próximo a cumplir los sesenta sentía el peso de vivir los últimos momentos de su existencia terrenal. Aspiró en profundidad el humo denso del cigarrillo de tabaco negro y sintió el ardor en el pecho. Exhaló con suavidad, con miedo, con la angustia que lo acompaña desde hace algún tiempo. Bebió un sorbo de café y otro de caña sin dejar de mirar hacia la calle a través del húmedo ventanal.
Su mirada se clavó en el Fiat Punto blanco que se detuvo delante de la agencia de turismo ubicada frente al viejo café, donde el hombre de rostro duro y cansado se agitaba de ansiedad. Vio en ella los cuatro años de amor intenso cuando por entonces parecía que nada los iba a separar; y también reavivó la desesperanza de cuatro más de angustia plena.

Ella bajó del auto y con paso apresurado ingresó por la puerta de blindex, caminó hacia el hombre de barba que la esperaba y la recibió con un beso, luego se dirigió hacia su escritorio y se sentó, como todos los días, frente a la computadora. Él bebió el café y apuró la copa de caña que quemó su pecho, y de nuevo sintió el ardor. Los ojos del hombre de rostro duro y cansado se humedecieron por el recuerdo y la impotencia ante el abandono y la soledad. Aplastó la colilla del cigarrillo en el cenicero, se levantó de la mesa, pagó y salió a la calle sin mirar hacia donde estaba la mujer que le rompió el corazón.

El hombre de rostro duro y mirada cansada cruzó la calle bajo la gris llovizna de la tarde y comprendió que una vez más había faltado a la promesa de no volver a ese café en ese horario para ver a quien le causó el último sufrimiento. La traición es un arma letal, lacerante, fulmina en el instante en que se descubre y deja abierta una herida profunda que delata, con el paso del tiempo, una marcada cicatriz. Pero la manera más efectiva que tiene una mujer para matar a un hombre duro es la indiferencia, el lento olvido, el desamor. Cuando el hombre de rostro duro y mirada cansada lo comprendió, se dirigía ya hacia su morada final.



Luis Oscar Tolosa

domingo, 10 de junio de 2007

"El Cuarto Rey Mago"



Adaptación para radio de "El viejo Muñíz me enseñó a andar en bici"

El viejo Muñíz se ocupó de mi toda una mañana para que yo pueda disfrutar de la bici, que esa madrugada habían dejado en la cocina de mi casa los Reyes Magos, junto al recipiente vacío del agua donde bebieron los camellos, y a los pocos rastros del pasto que los nobles animales comieron.

Por entonces, Rafael Muñíz que tendría unos cincuenta años, era un pintar de casas, y esa labor desempeñaba en la estancia en la que yo vivía. También tuvo el tiempo y la paciencia necesaria, que sumado a la cintura sana para doblarla y caminar de manera rápida a mi lado guiándome con una mano aferrada al asiento, hicieron posible que yo pueda dominar esas indomables dos ruedas.

La bici estaba ahí, reluciente, desafiante, a la espera de que pueda mantenerme sobre ella sin ir al piso, algo imposible para mis cinco años, cumplidos 29 días atrás.
¡Qué mezcla de inmensa alegría de tenerla y de ansiedad por usarla de manera correcta!, porque la primera hora la pasé haciéndola rodar sin subirme o con frustrados intentos de darles media vuelta al pedal apoyado en el frontón de la cancha de pelota a paleta..., para que en menos de un metro caigamos los dos al piso.

Fue entonces cuando el viejo Muñíz dejó de rasquetear con su espátula la ventana que iba a pintar y se dispuso a brindarme su ayuda. Lo recuerdo muy bien, me dijo... ¡a ver Luisito...yo te ayudaré a que logres el equilibrio!
Así comenzó la noble tarea de Muñíz, íbamos y veníamos, hasta el último árbol y regresábamos al frontón de la cancha. Siempre Muñíz caminaba rápido a mi lado, doblado por la escasa altura mía sobre la bici.

¡Así, así..., dále, dále..., pedaleá, pedaleá!, gritaba Muñiz, más entusiasmado por enseñarme los secretos de viajar en dos ruedas que por pintar la casa donde vivíamos...
Sin darme cuenta en un momento me separé de él, y con algunos movimientos ondulado respecto a la línea que debería llevar, llegué hasta el final del patio donde dábamos la vuelta y regresábamos al frontón...

¡Viste Luisito, fuiste solo hasta allí!, me gritó Muñiz mientras yo me levantaba y me sacudía la tierra de las rodillas y las manos...
¡No lo podía creer!, ¡había avanzado unos veinte metros solo!, sin la asistencia de Muñíz...¡Bien Luisito!, me alentaba el viejo.
Para el mediodía la bici ya era parte de mi cuerpo y un pasaporte de libertad, con ella podía ir hasta la tranquera de entrada, al taller de los tractores, a la herrería y hasta la casa que habitaban los peones de la estancia...

¡La felicidad era completa, podía disfrutar de la bici que me regalaron los Reyes!
Por este motivo, cuando me preguntaban cómo se llamaban los Reyes Magos yo decía: ¡Melchor, Gaspar, Baltasar y Muñíz!, porque él me posibilitó disfrutar de la bicicleta que los otros tres me regalaron.



Luis Oscar Tolosa

miércoles, 2 de mayo de 2007

POLVO CONTRA RELOJ...luego la soledad


No era la primera vez que compartían una cama de ese hotel media estrella, de los tantos que desde hace décadas se erigen en los alrededores de la terminal de ómnibus, desde los tiempos en que el cuartel de la ciudad reclutaba a ciudadanos de veinte años para cumplir con el servicio militar, y quienes eran los mejores clientes en sus salidas de franco, sea cuando regresaban de sus pueblos como cuando se aprestaban a partir hacia ellos.

-¡Apurate a acabar, no tengo todo el día!-, le dijo las mujer de unos treinta y algo al hombre cincuentón, calvo, de expresión melancólica, con aliento a treinta cigarrillos diarios. El detenía los embates cuando la eyaculación amenazaba con finalizar esos veinte minutos que llevaba sobre la inmóvil mujer. De inmediato ella se disculpó, consciente de que el anterior comentario no haría otra cosa que incomodar a su cliente que había pagado de manera anticipada los cincuenta pesos y el trabajo se extendería más allá de lo previsto.

Acarició su espalda y colaboró con un movimiento de caderas, el agradeció el gesto, apoyó sus manos sobre la sábana de dudable higiene que cubría al viejo colchón de lana apelmazada, los flejes de la cama de hierro crujían en cada impulso que el hombre imprimía para dejar que aflore la virilidad que una ocasional mujer le permitía ser un macho, un auténtico macho que no estaba solo en su cuarto masturbándose como tantas veces.
Estaba sobre una delgada mujer, de largas piernas abiertas y contraídas de manera que sus pies se ubicaban a la altura de sus rodillas; el largo y enrulado cabello negro cubría parte de la almohada. Acarició sus pechos, aún algo firmes porque no amamantaron hijos sino centenares de clientes.

Transpiraba en el esfuerzo supremo de conseguir el éxtasis pleno por el que había realizado una transacción comercial, el momento llegó con un gemido breve, algunos jadeos y luego el desplomarse sobre quien le había proporcionado ese placer fugaz. Ella trató de deslizarse por debajo de ese cuerpo para tomar sus ropas depositadas sobre la silla de madera y esterillas, de patas flojas por los años de uso.

-No te vayas aún, esperá un momento- suplicó con voz apagada por el cansancio el hombre calvo y transpirado que aún olía a desodorante barato, tan barato como el de la mujer. Giró su cuerpo, se dejó caer al lado de ella, retiró el condón del ya flácido pene, estiró un brazo con el que tomó el pantalón gastado del que extrajo la billetera y apartó un billete de cien pesos que le entregó con un pedido casi implorado.

-No te vayas aún, quedate una hora más conmigo, sin sexo, sólo a mi lado, abrazados-
Ella guardó ese dinero y accedió mientras pensaba que también pagaría por tener alguien que la escuche, la comprenda, le hable de hechos cotidianos y por sobre todo, que la ayude a mitigar las horas de soledad…, de esa soledad que comparten las prostitutas y los hombres que pagan por sus cuerpos.




Luis Oscar Tolosa

viernes, 27 de abril de 2007

HAS PARTIDO



Adiós amor eterno, adiós
has partido
no el amor,
el amor vive
en vos
en mi
sólo tu has partido,
con mis sueños
mis cielos
mis estrellas,
en alas del olvido.

Yo quedo aquí,
dolido,
con el alma en pe-da-zos
con el corazón par-ti-do,
sin sueños
ni cielos
ni estrellas,
quedo en las sobras del olvido
aunque el amor viva
y sea eterno
en vos
en mi.
Sólo tu has partido

Luis Oscar Tolosa

martes, 27 de marzo de 2007

SEXO RÁPIDO Y A BAJO PRECIO



-¿Querés coger?- le preguntó la prostituta al camionero, luego de dar con el encendedor tres golpes suaves a la ventanilla de la cucheta, donde descansaba tras conducir centenares de kilómetros.

-¿Cuánto cobrás?- lanzó el hombre de unos cincuenta años, una vez incorporado de su cama y observándola desde la cabina.
-Veinte la chupada y el polvo- respondió con naturalidad la joven de menos de veinte años, tal vez no superaba los dieciocho; la edad de la hija menor del conductor del viejo Mercedes Benz 1114 rojo, que lucía desaliñado y sucio, con barba de más de tres días.

La observó, lucía bien, como las minas de los cabaret que rodean los puertos, diferente a las habituales prostitutas que pululan por las playas de estacionamiento de los camiones o en las estaciones de servicio de las rutas. Miró sus largas piernas y la corta minifalda de jean, la ajustada remera blanca que denotaba la ausencia de corpiño, por lo que los abultados pechos insinuaban dos erectos pezones ofrecidos como parte de la mercancía. Del hombro izquierdo pendía una cartera de cuero marrón que hacía juego con las delicadas sandalias de tacos bajos; -está muy bien la pendeja- pensó y veinte pesos cobra cualquier loca, estaba mucho mejor que lo ofrecido por estos días a ese precio.

-Subí- le dijo con la voz ronca aún por el sueño interrumpido, y ella lo hizo por la puerta del lado opuesto. La brisa ingresó y le acercó un suave perfume, copia de alguno francés, pero muy agradable.
-Linda y bien perfumada, es un regalito de Dios- pensó, sin meditar sobre si el Ser Supremo haría un regalo así a alguien que tiene su familia a varios kilómetros de allí, al tiempo que tapó con una franela las fotos de sus hijos pegadas sobre el tablero, en un acto de culpabilidad no del todo asumida.

Pagó y se desnudaron al resguardo de las cortinas que cubrían la cabina del camión. Pasaron hacia el dormitorio y de inmediato ella comenzó su trabajo manual con movimientos rápidos y mecánicos, los de siempre, cuando llegó la erección le colocó el condón con gusto frutal, y su boca era ahora la que dominaba a la fiera. Dos, tal vez tres minutos más y los dedos índice y medio de su mano izquierda abrieron los labios lubricados con gel, y con la derecha tomó el pene y lo introdujo al tiempo que él le acariciaba las piernas, los glúteos, los firmes pechos que acompañaban los movimientos enérgicos que la joven imprimía.
¡Pará, pará, pará!, gimió el hombre para tratar de detenerla y poder disfrutar un tiempo más prolongado los placeres del sexo..., pero ella continuó con su labor hasta que brotó el semen en el interior del preservativo..., ¡listo!, final de la función, se levantó y una toalla desinfectada limpió el genital femenino y una pomada antiséptica cubrió la rozada vajina..., ¡ya estaba lista para continuar su trabajo!, se vistió con rapidez, lo saludó con un beso en la mejilla y descendió del camión.

De inmediato escuchó un llamado, y otro, y otro más; ya se había corrido la voz que una linda pendeja andaba por la playa. Ella veía en esos rudos hombres de trabajo a los clientes, no importa si huelen a perfume o a cebollas, sólo cuenta que le darán la posibilidad de vestirse como lo hace, de salir a bailar los sábados y de criar a su bebé que a estas horas estaba al cuidado de su madre.

-¿Cuánto?, preguntó el del camión de al lado.
-Veinte la chupada y el polvo- respondió
-¿El culito también?- arriesgó el hombre.
-Por cuarenta va completo- dijo con la firmeza de quien cierra un negocio o hace una oferta en un remate.
-¡Subí pendeja!- ... Para ella la noche recién empezaba

Luis Oscar Tolosa

domingo, 25 de marzo de 2007

REENCUENTRO



No fue casual..., los dos sabíamos que ocurriría, nos habíamos enviado señales evidentes que el amor aún nos unía, el deseo de estar juntos perduraba y en alguna oportunidad se concretaría el anhelado reencuentro ..., sólo había que darle una ayudita, y los pretextos se incrementaron; un día un favorcito aquí, otro una necesidad por allá, las comunicaciones telefónicas denotaron el temblor nervioso en las voces, propio de la emoción a cada lado de la línea.

Y llegó el día, superfluas razones laborales sirvieron para crear la situación, la detención frente a su casa, el número en la pared tantas veces observado años atrás..., y el timbre que desde el interior ya se esperaba a esa hora. Se abrió la puerta y la sonrisa más linda del mundo se dibujó una vez más en su rostro..., un beso en las mejillas y ya en el interior, alejado de las miradas indiscretas de algún vecino detrás de una ventana..., el abrazo, largo, interminable, ansiado tras un alejamiento que nunca tuvo un motivo...definido.

Dos lágrimas bajaron por las mejillas hasta los finos y tentadores labios que con dulzura tantas veces susurraron “te amo”...
_Perdón, tenía muchas ganas de verte, disculpame..., sentate, ¿te preparo un café o tomamos unos mates?
_Mejor unos mates, dije lamentando que ese momento mágico se haya cortado, pero tampoco era lógico que en el primer minuto intente besarla..., sólo deseaba que se vuelva a repetir, entonces si, no lo desaprovecharía. Mientras ella hablaba de su trabajo, de la “gordita” que fue a pasar unos días con su padre y de su pueblo que fue nuestro por varios años.

Se sentó muy cerca y alcanzó el mate, nuestros dedos se rozaron y lo notamos con un estremecimiento..., nos mirábamos a los ojos, los de ellas son hermosos y brillaban como hacía años lo hacía en los encuentros sublimes. Por momentos no respondíamos de manera coherente a cada tema que tratábamos..., era porque los dos estábamos más allá de los temas comunes e imaginábamos algo diferente, más íntimo, más concreto. Así pasaron dos horas hasta el almuerzo...
¿Te quedás, si?, preparo algo rápido para comer..., ¡dale, decí que si y ayudame con el pollo!, yo preparo la salsa...

Imposible contestar que no, si era lo que esperábamos ambos, pero el almuerzo fue para contarnos nuestras vidas actuales, y también lo pasado, los recuerdos, algunos amores que no fueron tales, sino sólo efímeras parejas que aliviaron las horas de soledades en las que aflora el dolor del amor dejado atrás por circunstancias que nada tienen que ver con los sentimientos. No fui de volver sobre mis propios pasos pese al sufrimiento ante las rupturas, pero ahora fue distinto, tal vez porque nunca nos habíamos alejado más allá de lo físico.

El café es uno de los pretextos más utilizados para los encuentros, y con el sencillo acto de girar la cucharita dentro del posillo para lograr la disolución del azúcar, se producen las miradas más profundas, se reflejan en ellas los reclamos del alma y el clamor de los corazones; y no fue esta la excepción..., un tema trajo otro y las manos se juntaron, también los cuerpos..., y más aún esa espiritualidad indescriptible que hace al amor algo tan personal que cada uno lo vive de maneras indescifrables...

El día pasó y la pregunta surgió una vez más..._ ¿Te quedás, si?, y la respuesta fue otro prolongado beso y una noche en la que el sueño estuvo ausente hasta la llegada del día, y el domingo pasó casi sin ver el sol..., pero llegó la noche y con ella se aproximaba la despedida...,
_¿Y si te quedás, te vas a la madrugada?, ¿llegás a horario?...
Y si, no esperaba otra alternativa y deseaba que el fin de semana no acabara nunca.
Cuando el reloj comenzó con su melodía a marcarnos el final del reencuentro tan esperado y de manera maravillosa disfrutado, se inició la despedida, con el desayuno primero, con un fuerte y prolongado abrazo luego, y sellado con el más tierno y dulce beso al final...
_Espero que se repita, fue hermoso, volví a sentir el amor como antes, como nunca más lo había experimentado y que hoy me deja con esta sensación de satisfacción y vacío por lo que vendrá...(me dijo como al producirse nuestro encuentro, con lágrimas en los ojos).
-Deseo que no haya sido sólo un sueño-, le dije cuando me separaba y las yemas de nuestros dejos fueron el último contacto, mientras imaginaba sus ojos húmedos detrás de mi, tan húmedos como los míos, ¿palpitaría tanto su corazón, como sentía el propio en mi pecho?, estoy seguro que si..., sólo deseo que no haya sido un sueño..., nada más, si no lo fue..., habré regresado a la vida.


Luis Oscar Tolosa

sábado, 3 de marzo de 2007

MUJER DE HUMO



Cansado de caminar sin rumbo el lugar elegido para descansar fue un bar céntrico, es las cuatro de la tarde y la gente se alejó para continuar con sus obligaciones diarias, por lo que muy pocos permanecían dentro del local de ventanas de dimensiones reducidas con vidrios tonalizados. Conserva cierta privacidad, por eso es el elegido por algunas parejas mayores de 30 años.

Sobre la mesa de cedro lustrado un café humea a la espera de ser consumido, un sobre de azúcar dejó verter el contenido y la cucharita gira, todo es muy automático, me refiero al movimiento circular dentro del pocillo, porque de verdad no tengo deseos de tomar un café, es sólo una costumbre o el pretexto para detenerme a meditar.
El humo del cigarrillo dibuja efímeras figuras en el aire, se retuercen y se desvanecen, son figuras humanas, son figuras de mujeres que danzan con giros y contra giros hasta esfumarse cerca del cielorraso, que como la mesa, es de cedro lustrado.

Miro hacia la calle sin ver, sólo tengo en la mente las imágenes de las mujeres que vi en el humo del cigarrillo, afuera la lluvia finalizó hace horas y la ciudad continúa su rutina. Bebo el café, le pego una pitada profunda al cigarrillo y guardo dentro de mi todo el humo, como si fuese el cuerpo de esa mujer que se dibuja frente de mi libremente, en una burlona danza cuando el cigarrillo permanece quieto entre los dedos de mi mano derecha, apoyada con la palma sobre las falanges de la izquierda a la altura de mis ojos cuando ambos codos están posados sobre la mesa.

Café y cigarrillo..., diez, doce, quince por día, nunca los conté. Café y cigarrillo, luego un wisky, y más cigarrillos..., miro el humo y la danza burlona de la mujer vestida de humo. Fumo para verla, para contemplarla, para admirarla y tratar de retenerla conmigo..., pero es imposible, ella se diluye en su danza ascendente y se pierde una vez más delante de mis ojos..., se pierde en el techo, busca la tenue luz del ramillete de lámparas de bajo voltaje y diminutas dimensiones.

Otro café, otro cigarrillo, otro wisky, otra esperanza y nuevas desilusiones que se esparcen por el aire del bar céntrico..., llamo al mozo, le pago y le comento mientras recojo mi agenda y mi bolso..., “las mujeres son como el humo de un cigarrillo..., se muestran difusas y se pierden sin que uno les tome el gusto...”, el tipo miró el dinero, me dio el vuelto, sonrió de compromiso..., y se fue hacia la barra, al tiempo que yo caminaba buscando la salida del bar, donde quedaron sobre el techo de cedro lustrado muchos de mis amores pasados...


Luis Oscar Tolosa

sábado, 17 de febrero de 2007

Camino..., camino y pienso...



Camino..., camino..., camino y miro hacia abajo..., camino y pienso. Pienso mucho y me pregunto ¿por qué?, no encuentro respuesta.
Camino sin mirar la gente que me rodea, sin mirar los autos en cada esquina, sólo advierto que vienen rápido y paro, miro el semáforo en rojo y espero. Cruzo, camino y pienso, voy angustiado, creí que no sucedería más y no fue así...
Busco una respuesta y no la hallo, pregunto..., no hay respuesta, llamo y no es el momento..., ¿cuándo es el momento?, si mi angustia es ahora, es de ayer, mejor dicho de anteayer...
Tengo un nudo en la garganta, se me cierra, me hablan y no respondo, estoy distraído..., sólo pienso..., y pienso solo, sin nadie que me apoye una mano en el hombro y me acompañe.
Camino y pienso, sin rumbo, sólo camino, ausente, distante..., angustiado. Sin respuesta.
Camino, y mientras camino la vida pasa a mi alrededor, sin que lo perciba.
Quiero que mi angustia pase, la quiero dejar atrás y no puedo, sigue conmigo..., cruzo las vías y veo que se acerca el tren..., me detengo..., viene rápido, hace sonar su bocina..., lo miro de frente, desafiante...
Ya no camino, tampoco pienso, no hallé la respuesta..., tal vez en otro momento


Luis Oscar Tolosa

lunes, 29 de enero de 2007

EL ÚLTIMO HABITANTE DE UN PUEBLO




El frío y la niebla son la única compañía en esta desolada estación de ferrocarril, donde las vías quedaron sepultadas por las malezas. El andén llora la ausencia de quienes, por años, le dieron vida. La descascarada pintura muestra las heridas inferidas por el paso del tiempo y en ella se han tornado difusos los nombres adolescentes, tallados entre corazones sobre los bancos testigos de sexo apurado e inexperto.

El viento se llevó las voces, los sonidos de los silbatos, el humo de la locomotora y el eco de la campana que anunciaba la salida del tren, hoy, arrumbada, corroída por el óxido; inerte llora gotas de rocío ante el olvido y la soledad.

El paso del tren era un acontecimiento importante, los pocos habitantes del pueblo se volcaban a la estación ante su paso, aunque no esperen a alguien en especial, aunque no despidan a nadie puntualmente; sino que lo hacían con todos en general. Era un importante acto social el de acudir a la estación a cada paso del tren, dos veces por semana, una en un sentido, la otra, de regreso.

Tan social era este acto que se sumaba al de ir a misa los domingos, o al baile que organizaba la cooperadora escolar; o al del fútbol de potrero cuando se medían entre pueblos vecinos.
La estación fue testigo de la llegada de familiares y amigos, y de la despedida en gran escala de los hijos, que en dosis continua dejaron el pueblo, para buscar en la ciudad el futuro de ellos y de sus descendientes.

Esta estación fue testigo de los encuentros de parejas, de los primeros sueños de amor; fue cómplices de los ensayos de besos cuando aún no se conocían los dolores que dejan en el alma y el corazón, los desengaños.
Aquí las lágrimas de despedidas se mezclaron con el humo de la locomotora y el silbato apuró el beso final, el último. Sobre el andén quedaba un sueño destrozado, sobre el vagón se alejaba una esperanza.
Lágrimas, anhelos y pañuelos agitados se perdían en el horizonte hasta que el furgón de cola desaparecía en un punto. Se alejó el tren y las manos agitadas se esfumaron con el tiempo, las cubrió el olvido, las sepultó la maleza.

Hace treinta años que no transita más la vida por estas vías. De aquí se alejó hasta el espíritu del último tren. Ese que se fue llevando de uno a uno a los habitantes de este pueblo. Aquí se detuvo el tiempo. La vida volvió a su estado primitivo y el paso del hombre quedó sepultado en esta estación...

Aquí nací, crecí, tuve una familia; que se fue con el último tren...
Aquí envejecí, triste, solo y vacío...
Soy el último habitante de este fantasmal y fenecido pueblo...
Hasta este preciso instante...en que acabo de morir.


Luis Oscar Tolosa

MI ROMANCE CON LA COMPUTADORA




Me siento frente a la computadora y la miro fijamente a los ojos, mejor dicho a su ojo, a ese ojo rectangular que refleja la luz del techo y me molesta, también refleja mi cara sobre un fondo gris luminoso. Ella también me observa, pasiva, serena, expectante; me es fiel y espera que yo haga algo, un movimiento con el mousse, accione el teclado, le dicte algo; la invite a ser mi cómplice de lo que pretendo hacer.

Tenemos un buen romance con la compu, nos conocemos desde hace muchos años, trece y nueve meses para ser más exactos. ¡Claro, mucho ha cambiado!, por entonces hablábamos en D.O.S., sus reflejos eran más lentos, su memoria muchísimo menor a la actual..., como sucede con los niños, sus vidas son nuevas y a medida que avanzan crecen, en vivencias, en experiencias, y también en memoria.

Cuando nos conocimos ella era algo muy especial, sorprendente, enigmática, impredecible; pero fueron pasando los días y nos fuimos entendiendo, con tropiezos, ¡seguro!, pero.....¿quién no los tiene cuando avanza en una relación? Yo la idealizaba, era perfecta, los errores eran sólo míos, y trataba constantemente de remediarlos. Cuando comencé a descubrir los de ella traté de disimularlos, o de acreditármelos a mi por mi falta de conocimientos....¡Ella era perfecta!, ¡casi mágica!

Nos conocimos por razones de trabajo, necesitaba aumentar mi eficiencia y no quería relegar posiciones en el campo laboral. Nos presentó Alicia, una amiga, nos veíamos una vez por semana, con el tiempo sentíamos la necesidad de estar más en contacto, creció una necesidad del uno con el otro; y desde entonces no nos hemos alejado. Ella me conoce mejor de lo que yo conozca a ella. Me observa, sabe si sufro o estoy alegre, me simplifica todo lo que necesito, me ayuda, me aconseja, me distrae; me relaciona con más amigos, me muestra el mundo...¡Me mantiene comunicado!

Llevamos más de trece años juntos, ella cambió mucho, mejoró día tras día, tuvo una eficiente adaptación al curso de la vida con sus adelantos tecnológicos y necesidades, tanto económicas como sociales. Yo trato de seguir sus pasos, pero muchas veces me supera; aunque no hemos generado una competencia entre ambos. Respeto su intimidad, no pretendo más de los que nos une, que es esta comunión de necesidades laborales, sentimientos, deseos de vencer cualquier vestigio de soledad.

Me observa..., y yo a ella..., sabe que guardo lindos recuerdos y conoce mi necesidad de afecto...., comienzo a acariciar sus teclas, deslizo mi mano derecha hacia el mousse, la miro de frente y me sonríe, ella también encierra lindos recuerdos en su memoria...., nos entendemos perfectamente; yo escribo, ella recrea mis pensamientos; somos el uno para el otro; como si bailáramos, giramos, giramos, volvemos a girar....es un vals....son sueños....escribo y ella responde...nos amamos.

Atrás quedan los malos recuerdos, los cortes de energía eléctrica que nos separó algunas veces. Las saturaciones que la llevó a responderme “No se puede mostrar la página”..., todos problemas ajenos a ella que también ha sufrido por eso, ¡y los virus....!, ¡cuántas veces se vio atacada por los virus y me miraba suplicante!, ....ahí estaba yo para cuidarla, para hacerla tratar por un profesional...., para que nada ni nadie nos separe.

Hoy sabemos que podemos convivir, que sabemos superar cada momento crítico que se nos interponga.... Llevo escrito 37 líneas, la acaricio, se deja acariciar, me sonríe..., guardo en mi carpeta, le doy un beso y le digo que la amo..., me sonríe, no la apago, no quiero que duerma...., siempre la dejo encendida, como encendido está mi corazón....


Luis Oscar Tolosa

"BUSCO NOVIA, HAGAN FILA Y NO SE EMPUJEN"




La soledad que sufre mucha gente se hace notable en la proliferación de anuncios sobre lugares de encuentros, páginas en internet, programas de televisión y radios, además de medios gráficos, que posibilitan que las personas puedan conocerse y concretar una relación de pareja, sea esta estable y con fines serios, o sólo para divertirse un rato.

De todos estos medios dedicados a la noble y rentable labor de unir seres que transitan el mundo, con el deseo de encontrar con quien compartir sus días u horas, la que más frecuento es la radio por mi afinidad con este medio, al que abracé como oyente a partir de los 13 años, cuando mis padres me regalaron un pequeño receptor National Panasonic y con él escuchaba noticias y algo de música.

Un programa que finalizó hace muy poco lo conducía Rolando Hanglin por Radio Continental, AM 590, de 23 a 24, con el título de “RH 23”. En la misma emisora y aún en permanencia a partir de la 1.00 y hasta las 5.00 se emite “Charlemos” conducido por Dan Costa, en algún momento y en horas de la tarde de los domingos se emitía por Radio 10, AM 710, “¿Qué más se puede pedir”? era el título y lo conducía Alicia Barrios. Estos son sólo algunos de los muchos programas dedicados al tema.

En todos el oyente llama y en su gran mayoría la solicitud es algo así: “Bueno (palabra que une casi todas las oraciones y no se porqué), busco una chica para una relación con fines serios, delgada, de entre 25 y 40 años, culta, rubia (o morocha, según el gusto); yo tengo 42 (o la edad que sea), mido un metro ochenta, peso 75 kg. Soy simpático, de buen humor, bien parecido, ojos claros, buen físico, culto; soy profesional, me gusta bailar, ir al cine, viajar y demás apreciaciones.......

Hasta ahí todo bien y normal, pero...¿por qué la gama de edad de la mujer esperada es tan elástica en el pedido de los hombres y no así en la mujer?, ellas generalmente dicen: “Busco un hombre acorde a mi edad, o si tiene unos 50 años dicen – entre 50 y 55 años, alto (sonamos los petisos, nadie nos solicita), culto, con la situación económica resuelta (y está muy bien), sin rollos sentimentales (y está mejor aún)”....etc.etc.
¿Por qué esa diferencia con el rango que solicita el hombre?, ¿Está mal que la mujer quiera un hombre de entre 30 y 60 años, si ella tiene 50?, tal vez si tiene 60 no, pero por debajo de su edad parece que si.

Hay tipos que se manifiestan como si fueran el ser más maravilloso de la tierra, el más culto, el más bueno y el de mejores sentimientos, romántico, sensible, cariñoso, buen amante, y mil maravillas más...., no me cabe la menor duda que es un salame milán y de picado grueso, pero él busca los mejor de lo mejor, algo así como una súper modelo de alto coeficiente intelectual y muy sexy, porque él es algo “especial”; lo dice con voz afectada, melosa, quiere agradar....

Finalmente está los tipos que pertenecen a clases trabajadoras, a los laburantes, humildes que ofrecen lo que tienen, sienten y pueden brindar, con corazón y sinceridad, y tal vez encuentren a quien buscan, una mujer de sus mismas condiciones y cualidades.

Todos, de diferentes clases sociales, de mayor o menor nivel intelectual, profesionales o trabajadores, altos o bajos, gordos y flacos, con cabellos o calvos; todas las posibilidades están presentes en estas búsquedas para combatir la soledad, aunque en muchos casos se busca lo mejor y se ofrece un espejismo. Nunca escuché: “Soy bajo, algo pelado, me falta un diente y vivo de changas porque no consigo algo fijo, además no me gusta el trabajo pesado; busco alguien que me acompañe....”, en fin..., por esta razón yo no envío ningún mensaje.


Luis Oscar Tolosa

LA CHICA DEL VESTIDO BLANCO




Camino hacia el diario como todos los días, sin apresuramientos ni demasiado lento, disfruto cada paso que doy porque se que nunca más lo daré, que es como cada segundo de la vida, único e irreptible. Observo el espacio que me rodea, la arquitectura de los edificios, algunos modernos otros muy antiguos, miro donde piso desde que se ha incrementado la cantidad de perros y de boludos que los sacan a pasear y no llevan la pala y la bolsa de polietileno.

Camino con paso constante y el bolso marinero al hombro mientras pienso en alguna nota, miro el comportamiento de la gente o sueño con escribir un poema. Busco la sombra para protegerme del sol del verano, en la calle poco movimiento por ser un domingo a las diez de la mañana. Camino..., miro e imagino lo que pensará cada uno de los que como yo andan por la calle... Camino y pienso cuando la veo media cuadra delante de mi..., vestido corto blanco, cabellos castaños que caen sobre los hombros..., sandalias...; habla por su celular, gira, hace ademanes con el brazo derecho mientras el izquierdo sostiene el aparato sobre su oído.., da unos pasos y vuelve a girar, me acerco al mismo ritmo que traía..., está de espalda, sólo dos breteles delgados dejan ver su piel suavemente tostada..., se le marcan los glúteos y la diminuta tanga a través de la delgada tela de su vestido blanco...casi transparente, los imagino duros, firmes; gira, habla, hace ademanes, sonríe, tiene un bello rostro...

Soy yo el que sueña con esa mujer parada sobre la alfombra..., le desprendo los botones lentamente, beso su cuello, acaricio sus hombros...¡qué piel suave!---; dejamos caer su vestido al piso; no tiene corpiños..., no..., no tiene;... Estoy a pocos metros de ella y sus pezones empujan la tela,...pechos firmes como sus glúteos... Los acaricio, le hago una leve presión con mis dedos pulgares y los índices; bajo con mis labios por su cuello, bajo..., bajo..., bajo más..., están erectos, ella lanza unos gemiditos de placer...
Estoy a pocos pasos; habla y gesticula, sonríe, mira hacia la calle, le tocan bocina desde un auto, los ignora; estoy a escasos cinco metros..., me mira y escucha..., sonríe..., se sonroja por algo que del otro lado de la línea alguien le dijo...¿o porque cruzamos una mirada...?

Tiene unos treinta, treinte dos, tal vez treinta y tres, no más allá de los treinta y cinco años..., conoce la vida, ha tenido historias de amores..., algunas insulsas, otras le dejaron huellas profundas..., como a mi, en eso nos parecemos...la supero en unos veinte años, seguramente ella fantasea con tener un romance con alguien mayor..., con un hombre experimentado..., seguro..., que le brinde todo lo que espera, ¡que la haga vibrar en esa cama donde está desnuda!,... ardiente..., ella arriba, besa, muerde suavemente, baja..., humm....hace cosquillas con sus labios y su lengua sobre mi vientre..., me retuerzo sobre la cama...jajaja... baja, más cosquillas...jajaja..., mira mis ojos, disfruta de ser dominante en esta situación..., baja con sus labios..., baja más, acaricia con sus manos, atrapa, aprisiona...besa..., besa más y más....

Llegué frente a ella, ahora la escucho, creo que habla con su novio..., la miro, eleva su brazo derecho y gira, mira hacia la calle..., otro saludito con bocina de unos jóvenes sobre un Fiat Palio..., ¿ella?... ¡ni bola!,... habla con él, ahora no lo dudo..., paso a su lado, me alejo con los mismos pasos que llegué, el mismo ritmo, miro hacia delante,... ya no la escucho...

Cruzo la calle, miro la fruta del negocio de la esquina,... ¿las manzanas a tres con cincuenta...?..., estaba a cinco antes de navidad..., pienso,.... ¡Jeh...!...¡pasaron las fiestas y la fruta bajó de precio....!


Luis Oscar Tolosa

JULIO NUDLER ERA UN PERIODISTA



¿Qué es un periodista?

Material extraído de: www.diariosobrediarios.com.ar

Es muy peligroso tratar de ver qué es la censura. ¿Por qué es peligroso? Porque eso atacaría las bases mismas del ejercicio de la profesión. Por ejemplo, ¿qué es un periodista? Un periodista puede ser muchas cosas; puede ser un pequeño empresario, teniendo en cuenta la forma en que están estructurados los medios. El periodista que tiene un programa que se emite por cable debe comprar un espacio y a su vez venderlo de modo tal que le deje una ganancia. ¿A quién se lo va a vender? A auspiciantes. ¿Por qué esos anunciantes lo auspiciarían? ¿Porque les interesa el impacto sobre sus ventas? Realmente, no. ¿Uno ve los anuncios y los auspicios y piensa que Aguas Argentinas va a tener mayores ingresos porque publicita en determinado programa económico de cable? Obviamente, no. ¿Lo hacen por imagen? No. ¿Por qué lo hacen? Porque como el periodista que explota ese programa depende de los anunciantes para que su emprendimiento sea rentable, en lo último que va a pensar es en hablar adversamente de alguno de ellos, habiendo muchos otros que no son anunciantes.



Aniversario de la muerte del periodista Julio Nudler

Un año sin Julio

El 27 de julio se cumple un año del fallecimiento del periodista Julio Nudler. El DsD publica un mensaje de su esposa y su hijo. Y a la vez, un texto inédito que se transforma en la última vez que Nudler habló públicamente sobre la actual situación del periodismo argentino.

“Siempre es demasiado pronto cuando el que se va es un ser querido que ama la vida y tiene una mente joven. Pero qué se puede hacer frente a la muerte. Julio estaba lúcido cuando pocas horas antes de entrar en coma, un médico, intentando entrar en confianza, le preguntó: ‘¿Qué tal?’ ‘¡Ya lo ve, fenómeno!’, respondió. Era una manera muy suya ponerle humor a una situación jodida. La ironía era tan natural en él como el gusto por hallar la frase que mejor definiera un concepto o investigar sobre el mundo del tango. Se alegraba como un chico con juguete nuevo cuando lograba escribir una nota bien fundamentada y con estilo. No hubo quien creyera la invención de un complot suyo en contra del diario al que aportó reflexión y crítica, pero el episodio lo entristeció. Como lo entristeció ver que el tema de la censura a su nota ‘De títeres y titiriteros’ servía para distraer la atención del hecho que la había provocado. Nosotros agradecemos a todo el equipo de DsD por acompañarlo cuando se intentó opacar su tarea de periodista y por recordarlo ahora con tanto afecto. Lo recordamos y lo extrañamos todos los días.

Hilda Cabrera y Darío Nudler Cabrera”