jueves, 24 de febrero de 2011

LOS 15 PECADOS DEL PERIODISMO ARGENTINO


(que los periodistas reconocen)

José Crettaz *

FUENTE: SALA DE PRENSA
www.saladeprensa.org

En el catolicismo, la religión que inventó el confesionario, los pecados sólo tienen perdón si se dan dos condiciones: el reconocimiento de haberlos cometido y el propósito de enmienda. El psicoanálisis sostiene algo parecido, para «trabajar un tema” primero hay que descubrirlo. Y un viejo aforisma afirma que para empezar a resolver un problema, lo importante es advertir su existencia.
Bueno, sin pretender autoflajelarse sino con la intención de alcanzar sus dos objetivos principales (la ética y la calidad en el ejercicio del periodismo) el Foro de Periodismo Argentino (Fopea) encaró su reciente IV Congreso Internacional La Responsabilidad Social de los Medios y el Periodismo con la idea de encontrar las propias debilidades de la profesión. Por eso, el foro invitó a representantes de distintos sectores de la sociedad (dirigentes políticos, sociales, de ONG, religiosos, etc) para que… acusaran nomás.

Y Fernando Ruiz, profesor de Periodismo y Democracia en la Universidad Austral (UA) y tesorero de Fopea, se tomó el trabajo de sintetizar lo mejor (en realidad, lo peor) de esas mesas y listar unos 15 «pecados” del periodismo en Argentina. Cualquier consultora en recursos humanos -¿por qué son pocos los que prefieren hablar de factor humano?- diría que más que pecados son «oportunidades de mejora”.

Con el permiso del Foro (que integro junto a otros casi 300 colegas de todo el país), me permito reproducir aquí las conclusiones del trabajo de Ruiz (autor de al menos dos muy buenos libros, uno sobre La Opinión de Jacobo Timermann y otro sobre el periodismo independiente cubano -por este último trabajo estuvo detenido e incomunidado un rato largo en La Habana-). Ahí va…

Este congreso fue un hecho inédito en el periodismo argentino. Una de las principales asociaciones de periodismo convocó a todos los sectores políticos, económicos, sociales y culturales para pedirles que lo critiquen. Durante un día y medio se produjo un desfile de expositores que expresaron aquellas cosas que, a su juicio, el periodismo hace mal, o podría hacer mejor. Para cerrar el congreso, se realizaron tres plenarios, en los que todos los periodistas asistentes al congreso debatieron lo dicho por los diferentes sectores.

El siguiente documento está elaborado con las críticas expresadas por los diferentes expositores y los documentos elaborados por los tres plenarios.

Estos serían, según los expositores del Congreso, los quince problemas principales del periodismo argentino:

(1) Tiene extrema facilidad de pasar del caso particular a la generalización, y allí comete la injusticia de poner a todos en la misma bolsa. El que más generaliza es el que más ignora. Esta crítica se mencionó en las mesas relacionadas con la cobertura del Poder Judicial, de las religiones y de la actividad política.

(2) Ignorancia estructural sobre el funcionamiento de algunas áreas específicas del estado, como el Poder Judicial, el funcionamiento de los organismos de control, las áreas de salud y educación, el poder legislativo, y la estructura estatal en general. Se dijo que los periodistas utilizan poco los informes que el propio estado genera en sus distintas áreas.

(3) Coberturas reduccionistas de temas públicos de enorme importancia. En el caso del Poder Judicial la cobertura se limita sobre todo al fuero penal. En el caso de la violencia de género esta tiende a aparecer como problema policial y no como un tema social. También en esta mesa se dijo que la mujer tiende a ser considerada como testimonio, y no tanto como especialista. En la mesa sobre derechos humanos también se indicó que la agenda de este tema se había ampliado pero, sin embargo, los medios seguían reduciendo este tema a las violaciones de la etapa de la última dictadura. En el caso de los chicos en situación de delito, nada se dice de la cantidad de veces que la policía los detiene en forma arbitraria. En el caso de los políticos, el reduccionismo consiste en cubrir solamente las diferentes internas partidarias de los partidos más grandes. Para los movimientos sociales, consiste en cubrir las formas de protesta y no tanto las demandas que tiene ese actor social para protestar.

(4) Difusión de mitos. En la mesa de niñez, se habló de cómo los medios distribuyen mitos sin verificación: “entran por una puerta y salen por la otra”, o “cada vez hay más chicos que roban”.

(5) Falta chequeo de la veracidad y precisión de la información. Esta crítica se mencionó en la mesa sobre el poder judicial y los organismos de control. En la mesa de salud se indicó que hay falta de verificación de la pertinencia de fuentes supuestamente expertas.

(6) Tendencia a sostener prejuicios en sus coberturas. Esta critica se mencionó en la mesas sobre justicia, organismos de control, y educación. En la mesa de empresas se habló de un prejuicio anti-empresario que no sería exclusivo de los periodistas sino que forma parte de la cultura argentina.

(7) Sospechas de connivencia entre los periodistas y los intereses políticos y empresarios. En la mesa de los políticos se refirieron a la “permeabilidad” de los medios a las operaciones de prensa.

(8) Tendencia a la estigmatización y a la discriminación. Esta crítica surgió en la mesa de educación para señalar que a los jóvenes se los estigmatiza como una generación poco comprometida. También surgió en la mesa de géneros, y en la mesa sobre niñez al referirse a los chicos en situación de delito.

(9) Ausencia de buenas noticias. Esta crítica se menciona en la mesa sobre temas educativos. Se menciona que la cotidianeidad de las aulas no aparece en la cobertura informativa, mientras que se sobredimensiona la violencia y la conflictividad en la escuela. En la mesa sobre niñez también se dijo que la enorme mayoría de noticias vincula a los chicos con la violencia.

(10) Centralización informativa.

(11) Tendencia a la emocionalización. Algunos temas tienen poca cobertura en la televisión pues los enfoques periodísticos que se utilizan no pueden darle un suficiente nivel de atracción para la audiencia.

(12) Falta de contextualización. Esta crítica se mencionó en la mesa de género para señalar que la violencia machista muchas veces se cubre en forma aislada, y no como un problema social.

(13) Mucha dependencia informativa de las fuentes oficiales. Para el caso de la violencia de género se indicó que la dependencia de fuentes policiales refuerza la visión machista. Para el caso de los chicos en situación de delito, rara vez estos son fuente.

(14) Dificultad para informar en situaciones de gran incertidumbre. En la mesa de salud, haciendo referencias a las epidemias ocurridas durante el 2009, se dijo que el periodismo contribuyó a aumentar la incertidumbre.

(15) Falta de seguimiento. Se mencionó en la mesa de género y en la de Poder Judicial y organismos de control.


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* José Crettaz es licenciado en Comunicación Social (Universidad Austral) y Magíster en Administración de Empresas MBA (UADE Business School). Es redactor de La Nación y miembro de Fopea. Este texto lo publicó en su blog Latin American media & Entertainment Observatory.





Luis Oscar Tolosa

domingo, 20 de febrero de 2011

miércoles, 16 de febrero de 2011

Alberto Moya | Periodista: Consultado por Clarín (link a nota completa)

Alberto Moya | Periodista: Consultado por Clarín (link a nota completa): "(...) Hablo con Alberto Moya, periodista profesional y docente que hace dos años trabaja, sin retribución alguna, como colaborador de Wikipe..."

Luis Oscar Tolosa

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Circuitos y Talleres

sábado, 12 de febrero de 2011

III Encuentro de Cátedras de Periodismo de Investigación


Estimados:

Los invitamos a participar del III Encuentro de Cátedras de Periodismo de
Investigación que organiza RedCom y que este año se llevará a cabo en
nuestra Facultad.

Será los días 18 y 19 de marzo en la sede del Bosque y sería de gran
importancia que nos acompañaran, como colegas y ex alumnos del Taller.
Toda la información la estaremos publicando en nuestro blog, para que
puedan estar al tanto de las novedades.

Quienes estén interesados en exponer sus experiencias, por favor
comuníquense con nosotros a la brevedad.
Cualquier consulta no duden en escribirnos.
Los esperamos!


--
Taller de Periodismo de Investigación
Facultad de Periodismo y Comunicación Social
UNLP

http://www.periodismodeinvestigacion.wordpress.com




Luis Oscar Tolosa

Mendoza Padilla descolló hablando del periodismo de investigación


Sábado 12 de febrero de 2011

Fuente: http://www.prensalibreonline.com.ar

Ayer por la tarde, en la sede de la UNPA sita en la avenida Gregores y Piloto Rivera, culminaron las V Jornadas de Comunicación Social. Entre las ponencias más importantes estuvo presente la temática: «Pasado y presente del periodismo de investigación en la Argentina». En la misma el licenciado y profesor de la Universidad Nacional de La Plata, Miguel Mendoza Padilla, dio una excelente charla acerca de lo que es hoy la investigación periodística en nuestro país.

Luego de la charla, Miguel Mendoza Padilla dialogó con Prensa Libre y al respecto señaló: «Sobre todo mi idea al venir a estas jornadas de Comunicación aquí en la provincia de Santa Cruz, es charlar con el público en general acerca de lo que ha sucedido con el periodismo de investigación a lo largo de la historia y qué ha pasado con esta modalidad en nuestro país. Me parece bastante poco serio hablar de la vuelta del periodismo de investigación, como lo hace Luis Majul, porque la única realidad es que en las diferentes universidades del país, el periodismo de investigación siempre estuvo, y lo que quizá no se tenga es la manera de mostrar las producciones de los alumnos y que muchas veces dan gusto leer porque son arriesgadas y muy bien elaboradas, eso a nosotros nos pone muy contentos. Por suerte ahora con las nuevas tecnologías, uno tiene la posibilidad de mostrar lo que los alumnos realizan a través de páginas web y blogs que armamos para difundir todos los trabajos que se llevan a cabo en las distintas unidades académicas», admitió.

La investigación en el aula
En otro fragmento de la entrevista, Mendoza Padilla destacó que “lo bueno de hacer investigaciones en las aulas es que los alumnos puedan realizar y publicar sus investigaciones en distintos lugares, porque es una manera que los chicos sean concientes que ya se encuentran realizando periodismo y que noten que sus trabajos tienen el mismo o mayor valor que los de otros periodistas que se encuentran trabajando para distintos medios”, comentó.

Las trabas para los alumnos
En otro párrafo de la entrevista concedida a Prensa Libre y consultado respecto a cuáles creía que eran las principales trabas que se les puede presentar a los estudiantes de la carrera de periodismo, el licenciado añadió: “Quizá hoy la principal traba que tengan este tipos de investigaciones es justamente el ingreso a las fuentes de información , tanto pública como privada . Existe un decreto a nivel nacional pero no se tiene en cuenta, lamentablemente no existen posibilidades de acceder a entrevistas con distintos implicados en causas, ya sean políticos, empresarios o personas comunes , entonces al no tener la posibilidad de acceder a las fuentes, eso traba el trabajo de investigación ya que sin esas pruebas es imposible poder demostrar o comprobar lo que se está investigando”.

Los grandes multimedios
Por último y consultado respecto a qué importancia puedan llegar a tener o no los grandes multimedios, como por ejemplo el grupo Clarín sobre estas trabas en las investigaciones, el profesor señaló: “Desde hace mucho tiempo que los grandes medios han decidido realizar periodismo de investigación, pero solamente vinculado a la política, las razones se caen de maduro y tiene que ver con que las principales empresas que podrían investigarse, son las que mayor dinero aportan a estos multimedios, y las cláusulas abusivas que uno encuentra cuando va a leer los contratos de Movistar o de Telecom son increíbles, lo que pasa es que eso no lo investigan estos medios porque sus páginas están impregnadas de estas publicidades, y por eso terminan investigando las valijas de Antonini Wilson o el supuesto enriquecimiento ilícito del ex presidente de la Nación y otros temas que también son importantes para la Argentina, pero a la vez no se investigan otras cuestiones muy importantes , pero existe otra realidad que no se investiga y que tiene que ver con la vida de la gente común, como por ejemplo el gran negocio de las tarjetas de crédito de Carrefour y otros tantos negociados de las empresas de telefonía que se dejan de lado, porque son las que impregnan los diarios y revistas de estos grandes multimedios de publicidad”, concluyó.



Luis Oscar Tolosa

Las mejores crónicas Gatopardo


En su prólogo al libro "Las mejores crónica de Gatopardo", el periodista Martín Caparrós imprime su punto de vista sobre lo que define como crónica, lo mismo que para otras escuelas es periodismo narrativo, o nuevo periodismo, o periodismo literario o el nombre que les guste más. Comparto con ustedes algunas de sus lúcidas reflexiones:

"Suelo preguntarme por qué los editores de diarios y periódicos latinoamericanos se empeñan en despreciar a sus lectores. O, mejor, en tratar de deshacerlos: en su desesperación por pelearles espacio a la radio y a la televisión, los editores latinoamericanos suelen pensar medios gráficos para una rara especie que ellos se inventaron: el lector que no lee. Es un problema: un lector se define por leer -y un lector que no lee es un ente confuso. Sin embargo, nuestros bravos editores no tremulan ante la aparente contradicción: siguen adelante con sus páginas llenas de fotos, recuadros, infografías, dibujitos. Los carcome el miedo a la palabra escrita y creen que es mejor pelear contra la tele con las armas de la tele, en lugar de usar las únicas armas que un texto no comparte: la escritura. Por eso, en general, les va como les va; por eso, en general, a nosotros también".


"Digo: mirar donde parece que no pasara nada, aprender a mirar de nuevo lo que ya conocemos. Buscar, buscar, buscar. Uno de los mayores atractivos de componer una crónica es esa obligación de la mirada extrema. Para contar las historias que nos enseñaron a no considerar noticia".


"El cronista mira, piensa, conecta para encontrar -en lo común- lo que merece ser contado. Y trata de descubrir a su vez en ese hecho lo común: lo que puede sintetizar el mundo. La pequeña historia que puede contar tantas. La gota que es el prisma de tantas cosas".


"El que no es rico o famoso o rico y famoso o tetona o futbolista tiene, para salir en los papeles, la única opción de la catástrofe: distintas formas de la muerte. Sin desastre, la mayoría de la población no puede -no debe- ser noticia".


"Hay otra diferencia fuerte entre la prosa informativa y la prosa crónica: una sintetiza lo que -se supone- sucedió; la otra lo pone en escena. Lo sitúa, lo ambienta, lo piensa, lo narra con detalles: contra la delgadez de la prosa fotocopia, el espesor de un buen relato. No decirle al lector esto es así: mostrarlo. Permitirle al lector que reaccione, no explicarle cómo debería reaccionar. El informador puede decir "la escena era conmovedora"; el cronista trata de construir esa escena -y conmover".


Luis Oscar Tolosa

sábado, 6 de septiembre de 2008

LA SOLEDAD



La soledad adquiere diversas características según el protagonismo que cada individuo le da. Pasa de la maravillosa experiencia de la contemplación de la naturaleza, en el disfrutar de los sonidos como la música, el canto de los pájaros o de los grillos, del rumor del mar o de la brisa cuando atraviesa las hojas de los árboles; a la fría y densa carga de estar solo, de cargar sobre las espaldas alguna ausencia importante, de no poder compartir sentimientos, de sufrir el vacío del desamparo.

Desde la soledad como elección de vida hasta la impuesta por crueles circunstancias, existen una infinidad de estados intermedios que, cuando más se alejan de la primera instancia, se tornan cada vez más agobiantes, hasta convertirse en dolor, en tristeza, en encontrar la muerte del deseo, de las expectativas, de las esperanzas, de los anhelos; de hallarse rodeado de la desdicha sin consuelo posible.

Es en ese estado cuando la soledad desdibujó el sendero que antes había trazado ese ser, y la belleza del entorno o el más dulce de los sonidos, quedan ocultos en una densa y pesada niebla, en la penumbra total del alma que padece la ausencia de afectos de quienes antes había amado, en la incomunicación con quienes antes eran motivos de alegrías; es ahí cuando las heridas sangran, duelen, martirizan, y ya es tarde para el regreso por propios medios.

Pero no solo la soledad individual destruye sueños, proyectos, metas, horizontes; sino también la soledad colectiva lo hace cuando se apodera de los marginados, de los desamparados, de los olvidados por los gobiernos de turnos, por los funcionarios insensibles que pese a ocupar cargos en áreas específicas, desoyen los reclamos y evaden las responsabilidades que les competen, amparados en la seguridad que les brinda las abultadas sumas de dinero, que día a día, engrosan vilmente sus cuentas bancarias.

Mientras, el pueblo sufre solo, impotente, angustiado, sin la posibilidad de cambiar el rumbo de sus destinos, sin alimentos, sin abrigos en los inviernos y abrasados por el sol del verano bajo las precarias chapas de sus refugios; sin medicinas, sin educación para sus hijos. La soledad colectiva e impuesta por las circunstancias, también sumerge en el dolor a los individuos, a la tristeza profunda por la impotencia, a la muerte de los sentimientos aún en vida.

¡Qué vacío siente un ser envuelto en la soledad! ¡Qué difícil se le hace despertar cada día y más aún ponerse en movimiento para conseguir el mínimo sustento diario para su familia! La soledad lo paraliza, lo deja sin fuerzas, sin ganas, sin deseos. No mira más allá de sus pies y no le encuentra sentido a sus pasos, sabe que mientras avanza el día, él retrocede, que en la medida que el mundo gira, él se encuentra detenido, cuando todo asciende él se sumerge.
Sufre sobre sus hombros el peso de no contar con nadie a su lado que le tome una mano y le muestra que hay un camino, una salida, una esperanza; que ya no está solo, que ha comenzado un nuevo y auténtico día.


Luis Oscar Tolosa

sábado, 30 de agosto de 2008

SEIS WHISKYS, UN TANGO Y SEXO PAGO




“Lastima bandoneón mi corazon/tu ronca maldición maleva tu lágrima de ron me lleva/ hacia el hondo bajo fondo/ donde el barro se subleva”. La voz del “Polaco” Roberto Goyeneche y la música de Aníbal Troilo acarician con el tango "La última curda", los oídos de los presentes en el pequeño café del centro. La noche ha comenzado hace apenas cuatro horas, cinco mesas está ocupadas por parejas, todos mayores de cuarenta años. Sólo un lugar, el que da al ventanal de la cuesta, es el que ocupar un señor solitario, de más de cincuenta, con la tristeza marcada en su rostro y en la necesidad de apagarla en el alcohol del quinto whisky. Fuma, enciende un cigarrillo ni bien aplastó la colilla del anterior. Mira hacia el amplio boulevard poblado de glicinas, pinos y tilos. Las luces de la fuente del centro de la plaza lo atrapan con el colorido danzante del agua que se eleva unos cuatro metros y desciende en una fina lluvia hacia la figura central, dos grandes manos y la paloma de la paz entre ellas.

“Ya se, no me digas, tenés razón/ la vida es una herida absurda/ y es todo, todo tan fugaz/ que es una curda nada más/ mi confesión”, continúa el “Polaco”. El hombre bebe el whisky, piensa en su propia vida, en lo absurda que ha sido cuando evalúa el pasado y asiente con la cabeza, como si hablara con el mismo Polaco sentado enfrente, por momentos pediría una copa para que beba ese hombre de voz y decir tan particular que tuvo el tango. Bebe y mira la calle, afuera hace frío y la ciudad ha comenzado ha perder el ritmo de horas atrás. “Contame tu condena/ decime tu fracaso/ no ves la pena que me ha herido? Y hablame simplemente de aquel amor ausente/ tras un retazo del olvido”. La voz del Polaco lo conmueve, sufre por el amor ausente y siente que él es un retazo del olvido al no haber recibido un solo mensaje de quien lo era todo días atrás.

“Yo se que me hace daño/ yo se que te lastima/ llorando mi sermón de vino/ pero es el viejo amor/ que tiembla bandoneón/ y busca en un licor que aturda/ la curda que al final/ termine la función/ corriéndole un telón al corazón”. ¿Es eso lo que él busca? ¿Es apagar el dolor en el alcohol el dolor que le oprime el pecho y hace que sus sueños sean un lamento del alma?
Bebe…, bebe fuma y piensa…, sus ojos se humedecen; baja el vaso vacío de sus labios, el hielo golpea el fondo y sin depositarlo en la mesa le hace una señal al mozo para que le sirva otro whisky, mientras la voz del Polaco Goyeneche y el bandoneón de “Pichuco” le endulza los oídos y le golpea lo más profundo de sus sentimientos.

“Un poco de recuerdo y sinsabor/ gotea tu rezongo lerdo/ marea tu licor y arrea la tropilla de la zurda/ al volcar la ultima curda”. Sabe que no será la última, que deberá emborracharse cada noche para olvidar el olvido de una insensible mujer. “Cerrame el ventanal/ que arrastra el sol/ su lento caracol de sueño/ no ves que vengo de un país/ que está de olvido siempre gris/ tras el alcohol”, finalizó el Polaco y Pichuco; sintió el vacío de la soledad. Llamó al mozo una vez más, ahora para abonar la consumición; se levantó, pagó y le dijo al hombre que lo había atendido un par de horas y que no lo entendió demasiado: “La vida es una herida absurda…”.

Caminó las tres cuadras que lo separaban de su departamento, se detuvo en el kiosco de la esquina, compró preservativos; subió por el ascensor al cuarto piso, entró, encendió la luz y vio sobre el mueble el retrato de la mujer que le rompió el corazón y causante de su embriaguez…, lo quitó de allí y lo guardó en un cajón. Sacó su teléfono celular, buscó en sus contactos…: Griselda, María José, Liliana, Verónica, Cecilia, Miriam…, la lista era larga…, se detuvo en un nombre, nada especial. Llamó y acordó con ella el encuentro. Miró el reloj y esperó a la mujer que por dos horas lo haría sentir un hombre, por sólo un billete fuerte…, luego todo volvería a ser igual.

Luis Oscar Tolosa

¡RAJEN, HOY ESTOY CON LA DEPRE...!



¡Hola!, ¿cómo les va?, ¿bien?, me alegro mucho. Es muy bueno estar con gente que le va bien porque eso contagia, los que tenemos uno de esos días nostálgicos necesitamos de amigos que nos carguen de energías, y yo estoy en esa situación.
Sucede que desde hace un tiempo me suceden contratiempos, y aunque los sorteo, no deja de producirme un decaimiento anímico, o un “bajón”…, como decimos de manera coloquial. Por suerte esos tropiezos son todos subsanables, sólo hay que obrar con paciencia y una gran fuerza de voluntad, o mucha fe, como la que tengo siempre.

Hoy me he sentado frente a mi amiga, la “compu”, de la que hablé páginas atrás, para contar mi estado anímico, nada más. No he bosquejado nada, sólo me planté frente a la pantalla en blanco, virgen de vocablos, para volcar en ella mis deseos de conversar con alguien.
Por este motivo te agradezco que estés aquí, que me mires a los ojos y me escuches. Y estoy muy agradecido con vos porque en la época en que vivimos es muy poca la gente que sabe escuchar. De ellas hay que rescatar a quienes quieren escuchar, porque es más sencillo dar media vuelta y continuar el camino con un: “nos vemos…”, y aquí quedamos quienes necesitamos un oído. Este fenómeno tecnológico-comunicacional que es el blog permite que alguien tal vez nos escuche, o no; pero al menos quienes escribimos en ellos podemos hacer “catarsis”. Después está en vos que te quedes o pases a otra página. Hoy tengo ganas de hablar con alguien, por eso me he sentado aquí, con el mate a mi lado, esa energizante infusión tan nuestra, tan argentina, uruguaya, paraguaya y también brasilera.

No hay nada peor que la persona en quien depositás toda tu confianza un día te “faye”, se aleje sin dar explicaciones, se pierda en la distancia y en el tiempo sin decirte… “hasta acá llegamos…”, así de simple. Menos aún es entendible que, viendo que se acercaba el final, uno se anticipe y pregunta…, y la respuesta sea: “está todo bien, si algo cambiara te lo diría…” Sin embargo no ha sido así. ¿Es tan difícil ser sincero?, estoy seguro que no, al menos cuando se trata de algo simple como es el fin de una relación prolongada. Hoy siento el dolor del desamor, de la incomprensión, de la indiferencia, la misma de meses atrás…, pero creí en palabras…¡claro, faltaban los hechos!

¿Tomás dulce o amargo?, bien, seguimos con los mates dulces…, es viejo lo de “para amarga, demasiado con la vida”, que decían nuestros viejos. En fin, creo que los años se me han caído encima y por eso todo pesa mucho más que antes. ¿Habrá llegado el fin de una prolongada sucesión de amores frustrados?, sin dudas que he fallado demasiado veces, sino estaría casado…, ¿casado?, humm…, bueno, tal vez en pareja, como estuve algunos años. Creo que estoy dramatizando demasiado, si no vivo en pareja es porque en un principio escapé a todo compromiso, y ahora porque no estoy en las mejores condiciones, no dispongo del tiempo que hay que dedicarle a una familia, o al menos a una mujer con la que se comparte la vida.

¿Estaré hablando boludeces?, tal vez, no será la primera vez que lo hago, ni la última, pero creo que me quejo porque hoy tengo un día nostálgico. Debe ser el famoso “viejaso” que nos agarra después de los cincuenta. En realidad no está todo tan mal…, te contaría algo más…, pero no puedo…, tal vez otro día, cuando no haya tanta gente alrededor nuestro. Lo único que te puedo decir es que me causó una enorme alegría y hoy espero que me llame cada día, o tomemos un café cada tanto…
Ahora te dejo, tengo que preparar el bolso para viajar a San Luis mañana, tenemos una nueva carrera de Turismo Carretera y eso me hace muy feliz, tan feliz que por cuatro días olvidaré la incomprensión y la indiferencia en la que me sumergió la mujer que amaba…
¡Che!, disculpame que te tiré todo esto, sucede que es un “garrón”, ¿viste?, te juro que a las minas no las entiendo.., ¡después dicen que nosotros somos jodidos….!, pese a todo esto…, ¡no hay ser más lindo y maravilloso que las mujeres! Un beso a todas ellas, y a ustedes, les agradezco que hayan compartido conmigo estos mates, les prometo que la próxima vez que nos encontremos estaré de mejor ánimo.
¡Hasta todo momento!, un gran abrazo…, el lunes vuelvo.

Luis Oscar Tolosa

EL HOMBRE DE POCAS PALABRAS



Cuando el hombre alto de tez morena y prominentes bigotes, vestido de traje y sombrero gris, oculto tras los grandes anteojos para sol, ingresó a la oficina; la mujer detrás del escritorio sonrió en un principio y lo miró con asombro unos segundos más tarde. El, sin hablar, extrajo de su cintura la Browning 9 mm., apuntó a la frente de quien por ocho años fue su compañera y disparó. Mónica no tuvo tiempo de nada, no gritó, no habló ni lanzó gemido alguno, sólo dio su último respiro. El giró sobre sus talones y salió del lugar como entro, sin hablar. Rogelio Rojas es hombre de pocas palabras.

Buscado por todos los rincones de la tierra hasta por INTERPOL, excepto donde él se refugió a vender marihuana y algún otro estupefaciente, quedó envuelto en las sobras, se lo tragó la noche, lo cubrió el silencio en algún oscuro agujero de los tugurios de una gran villa miseria, donde los más peligrosos asesinos están protegidos por el anonimato de cinco millones de seres que, muchos carecen de documentos, y si los tienen son falsos. También el suyo. Nada dejó en su retirada, nada encontró la policía en el inquilinato donde vivía, ni una carta, ni un indicio. Rogelio Rojas es hombre de pocas palabras.

Con la cabeza rapada y sin bigotes, el hombre que ahora viste ropa deportiva y zapatillas caras, concreta los negocios con las decenas de jóvenes y no tanto que se acercan para comprarle drogas en una peligrosa y muy angosta esquina del andurrial. Allí nadie trabaja en algo limpio, todos comercializan objetos robados, incluso los mercados que venden alimentos sustraídos de algún camión por los “piratas del asfalto”. Allí, rodeado de casas de precario materiales y construcciones improvisadas, muchas de ellas de cartón y chapas o lonas, él indica el precio con los dedos de las manos, y asiente o niega con movimientos de cabeza. Ni una palabra, nada, Rogelio Rojas es hombre de pocas palabras.

Los días pasaron, también los meses y algunos años, hasta que se paró frente a un espejo que colgaba de un clavo insertado en la madera de la pared de su casilla. Miró fijo el rostro que tenía enfrente y se preguntó porqué había matado a la mujer que amaba. El rostro del espejo no le respondió, sólo le devolvió unas muecas que imaginó partida de su misma persona. ¿Habrá sido porque ella no respondió a una pregunta sobre si le era infiel? El rostro del espejo continuó con la misma indiferencia que la mujer en cuestión. Miró el espejo por varios minutos, el rostro de enfrente le devolvió la mira dura y sostenido durante ese mismo lapso. Con un movimiento rápido extrajo de su cintura la Browning 9 mm., y apuntó a su sien derecha, el rostro del espejo lo imitó, y sin aguardar un instante más, sin preguntar nada más, ni añadir comentario alguno…, disparó. Cayó en silencio, sin gritar, sin gemir ni siquiera suspirar…, Rogelio Rojas era hombre de pocas palabras.


Luis Oscar Tolosa

¡CHÉ, TENGO ALGO PARA CONTARTE...!



Hay días en los que uno se pone reflexivo, mira hacia la nada y recorre con la mente hechos que han sido importantes en la vida, sea por que dejaron un lindo recuerdo, o algo ingrato. Por lo general no nos ponemos reflexivos por acontecimientos intrascendentes, al menos para cada uno de nosotros. Porque tampoco hay que creer que lo sublime para nuestra trayectoria en la vida terrenal, puede ser una perfecta pelotudez para el resto de los humanos..., ¡como casi siempre sucede!

Por esta razón es un espacio excelente un blog, podemos escribir nuestras boludeces y a lo sumo recibiremos algún comentario que podemos ignorar, o bien responder, queda a nuestro criterio. Pero no exigimos a nadie que preste atención a lo que nos ocurre, o como siempre sucede, a lo que queremos contar.
Es muy distinto decirle a un amigo: ¡Ché, tengo algo para contarte!, vos sabés que salí con tal mina y me dijo...., y le dije...
Nuestro amigo pone cara de interesado algunos minutos, luego quiere salir a la gran carrera y alejarse de nosotros todo lo que sus pulmones soporten. Y sin mirar hacia atrás..., por si acaso nosotros insistimos en contarle y corremos detrás de él.

Pero un blog es diferente. Podemos contar las estupideces más grandes y a lo sumo alguien perdió unos segundos en leer las primeras líneas. Nada más. Y a quienes sufrimos ese inmenso interés por contar algo que nos haya sucedido, ese escape de la página no nos afecta..., porque no lo vemos. Mientras nos explayamos en sufrimientos, lágrimas, penas de amores que nos han dejado destrozado el corazón. Cuernos que duele como si en vez de salirnos nos hubiese atravesado el pecho. O momentos felices por algún encuentro, reencuentros con amores lejanos que siempre aumentas las expectativas. O tal vez algún levante, de los que los hombres creemos que lo hacemos nosotros y lo contamos como una obra maestra de un perfecto galán..., cuando en realidad son las minas las que nos levantan a nosotros.

En fin, gracias a los blog podemos expresar al mundo entero nuestros desconsuelos y también la felicidad que nos rodea, sin que nadie escape de nuestro lado a la manera que lo hacen los grandes atletas. Porque no hay nada más insoportable que la persona que insiste en contarnos algo que a nosotros no nos interesa en absoluto…, pero el sigue: “¡Escuchá esto…!”, “¡Pará que te cuento…!”, “¡Sabés qué me dijo la mina…!”….
Lo único que nos queda es decirle…¡Me lo contás otro día, porque pierdo el ómnibus!, como le dije a uno un día empujado por la costumbre ciudadana y no tuve en cuenta que estaba en un alejado lugar por donde pasaba uno por día…, y lo había hecho cuatro horas atrás.
Disculpen ustedes si los hice llegar hasta aquí, pero pudieron habérselas tomado con algún pretexto…, total…, en los blog, podemos escapar sin dejar rastros. Gracias por soportarme este rato, tenía ganas de hablar con alguno de ustedes…

Hasta todo momento:

Luis.

Luis Oscar Tolosa

CUANDO SUEÑO CON MUJERES



Soy de los que sueñan todas las noches, y digo esto sin constatar si es algo normal y le sucede a todas las personas. Supongo que si. Además el sueño como expresión onírica tiene sus particularidades, por ejemplo, a mi me sucede que cuando sueño con alguna mujer que me gusta en la vida real; cuando despierto me enamoro de manera inmediata de ella y ese estado me dura una semana al menos.

No soy de tener pesadillas, hace muchos años que no las tengo, y me alegro por ello porque no es agradable escapar de la boca amenazante de una serpiente, o de las garras de una fiera, o caer al vacío…, aunque despiertes antes que te atrapen o te hagas puré contra el suelo.

Tampoco soy de los que sueñan escenas eróticas fuertes, de esas que te llevan a consultar el rubro 54 de los periódicos y solicitar la atención de las mujeres que allí la ofrecen. Soy de los soñadores románticos, por eso cuando despierto estoy perdidamente enamorado y no caliente, que sería más complicado.

Nunca sueño con la mujer que es mi pareja en ese momento. Sólo sueño con ella cuando ha pasado varios meses o tal vez años de nuestra ruptura. No se porqué, pero es así. Y también es un problema, porque cuando despierto estoy enamorado de otra mujer y no de quien estaba hasta el momento de quedarme dormido. Por tal motivo paso de manera inmediata y por un tiempo a ser un hombre infiel.

Así han pasado los años y he soñado con centenares de mujeres de las que estuve enamorado una semana y luego, por razones obvias, tuve que perder ese estado maravilloso ante la nula respuesta de la otra persona, ¡que es obvio!, porque nunca se enteró del amor que por ella sentí durante esa semana.

Dije que también sueño con mujeres que han sido mi pareja, y por supuesto que también me sucede lo del enamoramiento de una semana. Aunque la ruptura haya sido conflictiva, luego de haber soñado con ella volvería a estar a su lado…, ¡claro que ella no!, por eso nunca sucedió aunque luego les haya dicho: “Anoche soñé con vos…”, y me haya quedado a la espera de una respuesta del orden de:….¿Ah, si?, ¡qué lindo!, ¿Y…qué soñaste conmigo…?, y a partir de entonces comenzar a contarle lo que en realidad soñé y algo más que le inventaría con mucho gusto para adornar el sueño y que vuelva a darme pelota… Pero no es así. Nunca ninguna me preguntó que soñé con ella. Siempre salieron con otro tema….

También me pongo a pensar qué soñará la mujer que duerme a mi lado, y supongo que si es como yo…, conmigo no sueña, seguro.
Y si no sueña conmigo, y esto lo digo pero por favor, no lo tomen como algo que les puede suceder a ustedes…, si no sueña conmigo…, ¡sueña con otro hombre!, por lo que de una cierta manera, mientras dormimos somos unos cornudos, y lo que es peor…¡jah!, cuando se despierta…¡Ella sigue enamorada del tipo con el que soñó!
¿Será por eso que muchas veces le preguntamos…¿Qué te sucede?, y ella con aire evasivo responde:…Nada, no me sucede nada…, me duele un poco la cabeza, nada más.

¡Hasta el próximo sueño!



Luis Oscar Tolosa

LA SIEMPRE DESEADA MUJER DE UN AMIGO




Hace quince años que nos conocemos, desde que ella tenía veinte y se hizo de novio con uno de mis amigos. Es una morocha re-fuerte, de ojos verdes, esos que me quitan el sueño; divina, simpática, tiene un rostro perfecto, un cuerpo de los que parecen diseñados en un tablero de dibujo del mejor arquitecto, o mediante un ordenador como en las películas. Es de esas minas que tienen algo más que huesos, mejor que las modelos que son tan delgadas que deben acudir a las siliconas para rellenar partes anatómicas. Esta no, las tetas son de ella, naturales, redondas, paradas, pulposa. Los glúteos son firmes, duros, ¡pura fibra! Claro, acude todos los días al gimnasio, corre diez kilómetros y…, es lógico, ¡es profesora de educación física!

Cuando hemos quedado solos y sin que ella lo perciba, he acariciado con la mirada lo que estaba prohibido para las manos, más aún para la lengua. La imaginación volaba y con ella también yo. Hemos cruzado miradas sostenidas, de esas que agitan el corazón, aceleran sus latidos, y tiñen de rubor las mejillas con el calor que recorre el cuerpo dentro del torrente sanguíneo. Siempre fui yo quien desvió la mirada y acometió con algún tema trivial para salir del embarazoso momento. Cuando estoy sólo con su marido, a él lo siento un amigo, pero si también está ella todo cambia, los celos me mortifican…, aunque logro dominarlos y puedo hablar sin que la mirada se quede en esos ojos verdes o en su escote profundo.

Muchas veces la noté provocativa al estar solos. Sabe que me conmueve, supongo que lo lee en mi mirada. Lo disfruta, le gusta sentirse atractiva y admirada, mucho más deseada. Es de las mujeres que desvían hacia ella los ojos de los hombres con sus pasos felinos, su contoneo de las caderas, y sus cabellos sueltos por debajo de los hombros. Su marido se siente un elegido, un envidiado, un privilegiado que se acuesta cada noche con la mujer con la que nosotros sólo soñamos.
En la mesa del bar, lugar de reunión de la barra de amigos, muchas veces salió el tema de ella.
_Se la coge el flaco Antúnez, el kinesiólogo del club Independiente_ dijo el gallego García como al pasar, y agregó_ ¡Qué hijo de puta…, quién pudiera…!
_El que se la coge, me dijeron, es el ruso Januvovich, el de la relojería_ Tiró el Tito…y agregó: ¡El que sea…, qué hijos de puta!, ¡Quién pudiera estar en lugar de ellos!
_Se que se la coge un tipo de un Mercedes azul, yo la vi subir una noche_ dijo el pelado Alonso con su característico acento porteño y su dedo índice acusador como para que no queden dudas…, y agregó_ ¡Qué hijos de putas, lo buena que está! ¿Y este pelotudo del marido se cree que es un vivo bárbaro?
_¡Ché, no sean ustedes unos hijos de puta!, no se debe hablar así de un amigo y mucho menos de su mujer. ¿A ustedes les gustaría estar en el lugar de él como un cornudo?_ les reproché yo que hasta entonces nunca había emitido una opinión que vaya más allá del hecho de que la mina está buena.

Hoy fue todo distinto, la llamé por teléfono para preguntarle si estaría en su casa en media hora para llevarle el sobre de la póliza de seguros renovada. Sabía que él estaba de viaje y los chicos en la escuela. Me dijo que me esperaba.
Me hizo pasar y nos dimos un beso que me puso nervioso. La comisura derecha de sus labios se apoyó sobre la mía de la izquierda…, casi, casi un pico. De inmediato noté que no tenía puesto el corpiño al sentir sus pechos contra mi cuerpo cuando nos dimos un simple abrazo. Me retiré de inmediato, creo que me asusté. Me invitó con un café y mientras lo preparaba pude observarla de espalda. Tenía un vestido corto y traslúcido, de color durazno muy suave. Por debajo de la cintura se notaba un fino hilo de la tanga, casi imperceptible. Cuando giró con un movimiento rápido hacia mi, el vestido se abrió en el corte de la tela y mostró por una fracción de segundo sus piernas perfectas y bronceadas, como todo su cuerpo. Se dio cuenta que la miraba, y creo que fue una situación creada por ella con todo propósito. Comencé a transpirar. Le entregué el sobre con la póliza, apuré el café y anuncié mi retiro.

Se paró frente a mi y me preguntó: _¿Qué te pasa conmigo?
Balbuceé algo que no entendió, ni yo tampoco se que quise decir, y salí a la calle.
Pasó menos de un minuto cuando sonó mi teléfono.
_Te repito_ me dijo, _¿qué te pasa conmigo?
_Vení a mi casa en quince minutos y te lo explico_ le dije.
_Okey, voy para allá.
Y vino.

Acabo de cruzar la frontera de la infidelidad, de la traición, de la que no se vuelve. Me sumergí en el infierno de la pasión prohibida. La que impide de ahora en más hablar de valores.
¡Acabo de convertirme en un hijo de puta más!


Luis Oscar Tolosa

"¡TENEMOS QUE HABLAR...!"



“Tenemos que hablar” dice ella y el aire pesado del ambiente que rodea a la pareja se puede cortar en porciones, y uno piensa para si: ¡cagamos...!
Esa frase es la que el hombre no quisiera escuchar nunca, y digo el hombre porque me posiciono en este lugar que yo ocupo, y porque se da en menos porcentaje que sea el hombre quien se lo diga a su pareja, porque reacciona de manera diferente. Es más frontal y menos táctico que la mujer; es más intolerante.
“Tenemos que hablar” encierra mucho tiempo de meditación por parte de la mujer. Pasaron meses, tal vez algún par de años, o varios, para que ella tome la decisión de decirle a ese pedazo de mula que tiene enfrente, que está re-podrida de sus pelotudeces.

Y al escuchar esa frase el tipo tiembla, sabe que se le agotó el tiempo, que llegó el momento de la verdad. Ella sabe que él tiene otra y que cuando dice que va a comer un asado con los amigos de la peña, se va al telo con la mina. No tiene más excusas, se acabaron las explicaciones, porque el “Tenemos que hablar” significa tomátelas de aquí, vení a ver los chicos los fines de semana, podés llevártelos si querés, de paso me viene bien a mi así estoy tranquila con mi nueva conquista….(esto no se lo dice, lo piensa).
Pero al tipo le queda la última alternativa, el lance final: “Ahora no puedo, me voy a la oficina, ¿tan importante es?

Y allí no hay regreso, es muy importante, ella se lo dice de una vez por todas, y cuando ella se lo dice es porque ya él no le importa más, y además tiene alguien que ocupó su lugar. Los hombres tenemos incorporado el machismo desde, creo, la creación misma de la vida en el planeta. Somos nosotros y luego ellas, y cuando nos hacen saber que están en igualdad de condiciones nos duele hasta en lo más hondo. Por eso cuando ella te dice: “Tenemos que hablar”, lo mejor que podés hacer es decirle que mejor es hablar después que hayas preparado tus valijas. No hay regreso cuando ellas quieren hablar, ya está todo definido, ya lo han elaborado y han dado los primeros pasos consistentes en comenzar una nueva vida. ¡No hay regreso del “Tenemos que hablar”!, ¡No insisitas!.

Si sos de esos tipos que quieren quedarse con la última palabra…¡perdiste!, no será en esta oportunidad. Para eso deberías haber elaborado un plan estratégico, que no va con nosotros, los hombres. Somos muy boludos para manejarnos en las trampas del amor. Ellas tienen sus amantes y nosotros no nos enteramos, son sutiles, inteligentes, sigilosas, y no caen en la desesperación de mostrarse enamorada de otro tipo que no seas vos… Nosotros no, hacemos todo lo posible para que alguien nos vea y nos considere el tipo más vivo de la ciudad. Si es con una pendeja con mayor razón, y si ella es modelo, promotora o figurita de algo que la haga reconocida…¡ni hablar!

“Tenemos que hablar” significa que vos se lo contaste a tus amigos y alguno de ellos a sus mujeres y estas no callan…, alguna se lo contó y se pudrió todo. Pero vos estabas feliz porque te levantabas una linda pendeja y eras la envida del resto de los machos que se sientan el los bares del centro para recrear sus ojos. Ahora hermano, tomá tus cosas, armá tus maletas, hablá con los chicos, decile papá y mamá se han puesto de acuerdo para vivir separados, es mejor para todos, los voy a venir a buscar los fines de semana. Y chau, a otra cosa. Cuando se cierre la puerta de esa casa que habitaste con quien era tu mujer tendrás diferentes sensaciones. Una será de libertad, porque ya no tendrás que esconderte cuando salís con la pendex. Otra será de angustia porque dejás atrás gran parte de tu vida, la mitad de tus bienes, y sabés que otro ya ocupó tu lugar y ya no hay más tiempo para hablar.


Luis Oscar Tolosa

LA PEOR COMPAÑÍA ES UNO MISMO



La gente está muy loca desde hace algunos años, más aún desde que comenzó el nuevo milenio. Tiene que ver con la permanente competencia que se desata en todos los ámbitos: trabajo, profesión, expresiones artísticas, en el amor, en la conquista de aventuras, y en lo que se te ocurra. En todas las áreas existe la competencia y está potenciada por los adelantos tecnológicos y la constante y agresiva publicidad que por ellos se transmite. Tenés que poseer el último celular, el que te permite trasladar tu oficina al lugar que te encuentres, sea este un bar o una reunión de negocios. Los celulares hacen todos, ya dejaron de ser teléfonos, creo que si investigo un poco también cumplen con la función de vibradores…, no vibra-coll, no; sino como juguete sexual…

El tránsito es caótico en todas las ciudades, todos están muy ocupados, manejan y hablan por sus móviles, consultan Internet, se informan sobre la bolsa de valores en el mundo, sobre el precio de los cereales, el clima y su impacto en las cosechas del otro hemisferio. También hacen las reservas del hotel para las vacaciones, pagan con sus tarjetas por teléfono; envían mensajes de textos o fotos del lugar donde se encuentran en ese momento. Transan con algún “gato” una salida, o con sus secretarias, o con alguna mina que conoció en el último viaje. Todo sin dejar de conducir el vehículo en el que se trasladan. Tocan bocina, esquivan autos, motos, bicicletas y alguna vieja que, pobre, se encuentra que es imposible cruzar una calle sin semáforo.

En este maremágnum el hombre está conectado con todo el mundo, menos con él mismo. Se hace una costumbre el hecho de estar comunicado con quien uno quiera en cuestión de segundos, hasta se le puede ver la cara al interlocutor. Es por eso que se torna muy difícil sobrevivir en un mundo tan alocado, sin el permanente uso del celular. El hombre necesita hablar con alguien en todo momento, superarse a cada instante, acelerar cada vez más la alocada carrera hacia un triunfo permanente. Sin descanso, sin interrupciones, sin unos minutos de relax, de descanso, de relajamiento en el que les permita comunicarse con él mismo. Hacer una introspección, recorrer con la mente los pasos dados, elaborar un balance de su propia vida. Pensar en si mismo y en sus seres queridos.

El hombre no quiere quedarse a solas consigo mismo. No hay peor compañía que uno mismo. Más aún si la vida ha sido desprolija y lo que es natural…, repasar los errores para que sirvan de experiencia en los próximos pasos a dar. No es fácil admitir las equivocaciones, y mucho menos tratar de subsanarlas.
Para el hombre del siglo XXI la meditación sin nada electrónico a su lado parece imposible de conseguir. Son pocas las personas que por un mes ocupan alguna desolada playa, sin llevar consigo su teléfono móvil, sin leer los diarios, sin encender un televisor ni conectarse a Internet. Vivir esos treinta días sin sonidos que no partan de la naturaleza misma, el canto de los pájaros, silbido del viento, el de las agitadas hojas de los árboles, el rumor del mar, la lluvia, el croar de las ranas, los grillos, el graznido de los gansos, el mugido de las vacas, el balido de las ovejas o el relincho de los caballos.

Hay que intentarlo en algún momento, detenerse y meditar es prolongar la vida, tanto propia como la de terceros. Cada día hay decenas de muertos en nuestro país a raíz de los accidentes de tránsito. Los conductores del vehículo que sea, conducen en la más absoluta distracción, absorto en sus propios pensamientos que tienen que ver con la competencia en sus ámbitos. Van irritados, demuestran su mal humor al que se le cruza en su camino, al que le hace disminuir la velocidad sin tomar conciencia que él mismo ha excedido la permitida por las leyes. Putean a quienes lo rodean, que transitan en las mismas condiciones que él mismo, por eso se genera todo un círculo vicioso. ¡Paren de una vez!, ¡dejen que la competencia y miren hacia adentro!, se hace difícil estar con uno mismo, porque es uno mismo la peor compañía que uno tiene.
Pero cuando logren desenchufarse de toda la vorágine que los rodea, comprenderán que es muy necesario y reconfortante conversar con uno mismo. El mundo entero se los va a agradecer cuando desciendan los índice de violencia, de intolerancia y de incomprensión.

Luis Oscar Tolosa

sábado, 16 de febrero de 2008

EL AMOR Y EL VIENTO EN ALGO SE PARECEN




“El amor y el viento en algo se parecen” me dije para si mismo en un intento de filosofar, del modo que lo hacen los que tenemos la escuela de la calle y ni una línea leída de los grandes pensadores. Sólo con la filosofía de la gente común, de mi vecina, de mi vieja, del taxista, del colectivero, del verdulero de la esquina y del carnicero. Y como aquellos griegos que pensaron todo cuanto conocemos en la actualidad, también me senté a reflexionar, en este caso en un banco del largo espigón que penetra la laguna y es el lugar preferido de los pescadores.

Uno de ellos me preguntó:
-¿Usted va a tirar la línea?, le pregunto para no molestarnos.
_No soy pescador- le respondí- Jamás tomé una caña y sólo vengo a pescar recuerdos de viejos amores que hoy, con nostalgia, vengo a rememorar de manera íntima con mi mente- agregué con un aire de poeta devenido en pordiosero del interés ajeno.

El tipo me miró un instante con rostro de incrédulo, creo que se convenció de que soy un loco y que no valía la pena perder un instante más conmigo. Tomó su caja de anzuelos, la caña, y se alejó unos cincuenta metros. Yo me quedé observando el revolotear de las gaviotas que esperaban su desayuno provisto por los pescadores, cuando desvisceran sus presas.

Era muy temprano, apenas el sol comenzaba a teñir de rojo el horizonte al este, sobre la arboleda de freznos, eucaliptos, pinos, tilos y ceibos. Había dormido una hora y media cuando me desperté sin que pueda recobrar el sueño. Cuatro horas de desvelo fueron suficientes para leer unas pocas páginas de un libro empezado hace dos meses, las columnas de política y economía, y un repaso a las boludeces que había escrito en mi cuaderno de apuntes. Por eso estoy aquí.

Escuché las primeras noticias por radio y me levanté. El insomnio tenía como origen la excitación que me provocaba volverme a encontrar con la mujer que amé hace varios años y que no veía desde hacía tres, cuando sólo compartimos un café junto a otra gente. Hoy era diferente, estaríamos los dos solos, para mi era volver a soñar con esos ojos verdes que me impactaron al conocerla, al punto que ese mismo día me enamoré y perdura hasta hoy. Es de la única mujer que me enamoré a primera vista, y lejos de superarlo lo profundicé con el tiempo.
Es muy linda y simpática, tanto lo es que esa misma simpatía empleó cuando decidió ponerle fin a nuestra relación. Recuerdo que fueron pocas palabras y un “hasta pronto”.

“El amor y el viento se parecen”, me dije sobre el banco del espigón una vez más, para reafirmar una frase que me pareció todo un acierto filosófico dentro de las estupideces que uno piensa cuando está enamorado, y no ha leído ni una línea de tanta hermosa poesía que hay en el mundo. Hoy lamento no haberlo hecho, digo, leer poesías y filosofía, como para impactarla cuando estemos frente a frente, como para demostrarle que algo he crecido. En fin, ya es tarde, y como dice mi tía “Ñata” con su tono campechano: “Es lo que hay m´hijo”.

El viento es una brisa suave, calurosa, que nos abraza cuando estamos enamorados. Nos envuelve y acaricia, juega con nuestros cabellos, con nuestro cuerpo. Luego se va, no se sabe hacia donde, y es otro el viento, más fresco, nos da frío, nos sentimos desprotegidos. Igual que el amor, al principio es magnífico, maravilloso, uno lo disfruta a pleno; pero un día nos deja al desamparo, a la intemperie, y nos queda el recuerdo del calor recibido.
A media mañana me levanté del banco del espigón y caminé hacia mi casa, distante dos kilómetros. Una ducha y me acosté, quise dormir para que mi rostro no demuestre más años de los que tengo. Una mala noche deja a uno muy ojeroso, con los ojos enrojecidos por el sueño, y una mente adormecida que no es conveniente para un reencuentro con la mujer que uno amó y de la que espera que se lleve la mejor impresión…, por si también ella siente el mismo interés en volver a los buenos tiempos del amor en llamas.

Claro, los años no pasan en vano, me miro al espejo y comparo ese rostro que veo con el de una foto de doce años atrás. Salvo el tamaño y la forma de la nariz, del resto cambié todo. Me veo pelado, con canas, algunas arrugas en la frente, un trabajo en la dentadura aún sin finalizar, piel algo suelta debajo del mentón. ¡Qué lo parió al espejo!, ¿Quién lo habrá inventado?, si no fuera por él me sentiría mucho más seguro. Por dentro tengo la impresión de que aún conservo la fortaleza y la estética de aquellos tiempos. Sin embargo me miro y no me gusto. Creo que tampoco le gustaré a ella.

¿Será que no he dormido bien aún?, pienso, y me acuesto de nuevo para descansar algo más, como si eso ayudara a recobrar la lozanía de la juventud. Me dormí abrazado a la almohada en un intento de abrazarla a ella y que no se vaya de mi lado. ¡Es inútil!, a la media hora volvía a despertar. Estoy muy excitado, ansioso, creo que el amor es como el viento…, se fue, dio la vuelta al mundo y volvió a aparecer a mi espalda…, ¿Pero, cómo hago para retenerlo, para que no pase de largo, para que no se escape de nuevo…La vida es finita…, corta, sólo puede darnos una oportunidad más, luego será imposible que vuelva. Ni el viento que pasó, ni el amor que se alejó….


Luis Oscar Tolosa

LOS ADOLESCENTES, EL MENDIGO Y LA PALOMA



Las plazas son mis espacios preferidos para dejar que el tiempo transcurra; para meditar; para leer, escribir y soñar; o tan sólo para observar la vida que se mueve a mi alrededor, con las parejas de adolescentes, los mendigos o borrachos que duermen sobre los incómodos bancos, y las palomas que a pocos metros de comen semillas o recogen ramitas para sus nidos.
En las plazas encuentro la paz para la inspiración poética o reflexiva. Alrededor de ellas el tránsito gira en demonizado vértigo, ruidoso por los escapes sin silenciadores, bocinas que exigen mayor rapidez al entorno, chillidos de neumáticos que friccionan contra el pavimento ante la violenta exigencia del conductor.
Motos y autos son guiados por seres que parecen desencajados, intolerantes, despóticos, violentos hasta convertirse en criminales o en víctimas de sus propios arrebatos.

Dentro de las plazas todo es oposición. El mendigo duerme su siesta como si fuera infinita, aún sin sueño, sólo por dejar que el tiempo transcurra sin exigirle más sufrimiento que el que ya padece. Las parejas de adolescentes suman el marco romántico, y las palomas se acercan a uno en una clara demostración amistosa. Los pájaros cantan, silban, van de rama en rama sobre los pinos, que con sus sombras, nos resguardan del sol abrasador del mediodía.
Una paloma se acerca a menos de un metro de mi pie izquierdo; el que está apoyado sobre el suelo cuando el otro reposa sobre la rodilla opuesta, la clásica “cruzada de piernas” para apoyar el libro o el cuaderno de apuntes.

La parejita de adolescentes está sobre otro banco a unos veinte metros. Él la abraza, la besa, la acaricia, le habla. Ella sólo lo deja hacer. Responde con monosílabos, no lo abraza ni lo besa. Él se muestra malhumorado, se retira unos centímetros, espera, mira hacia mi lado, ella hacia el opuesto. El chico lo intenta de nuevo, la abraza, la besa, la acaricia. Ella está no está decidida a entregarse así nomás, sin entablar una cierta resistencia. El se levanta del banco, camina dos metros hacia donde están estacionadas sus motos de baja cilindrada, gira sobre si y le habla, gesticula, junta sus manos, implora. Ella nada. Responde un mensaje de texto. El se sienta una vez más, se repite la escena, la abraza, la besa, la acaricia…, le habla. Ella... ¡Nada!

El mendigo duerme tranquilo, no se mueve. La paloma vuelve, camina de manera rápida, busca con su pico alguna ramita para su nido. El tránsito se torna insoportable si uno le presta atención. Entre los autos que se detienen en el semáforo hay un viejo Peugeot 505 con sus cuatro vidrios bajos, un joven con el torso desnudo y una gorra con la visera hacia atrás lo conduce. Desde su interior sale con un volumen muy alto una especia de ruido que él supone que es música de boliche, pero a mi me suena a un interminable y monótono “changa, changa, changa, changa……..”
Vuelve la paloma, me mira, me ha tomado confianza, busca cerca de mis pies, encuentra otra ramita. La toma y la suelta una y otra vez hasta que encuentra el centro de gravedad que le permitirá llevarla hasta su nido sin desequilibrios. El chico, como la paloma, repite sus movimientos: Se levanta, camina, gesticula, implora, se sienta, la abraza, la besa, la acaricia…. Ella... ¡Nada!




Luis Oscar Tolosa

viernes, 26 de octubre de 2007

UN DÍA PARTIRÉ de madrugada...



Un día partiré de madrugada para que la luz del nuevo día me abrace en el camino, para que el sol me brinde la energía que gastaré en cada paso, y al llegar la noche dormiré bajo las estrellas para buscar en ellas el recuerdo de tu sonrisa. Hablaré con la luna, le contaré mis penas y luego cerraré mis ojos para encontrarte en cada sueño hasta que los pájaros me despierten con sus trinos. Escaparé de tus recuerdos a paso lento pero constantes, me detendré sólo ante las plantas en primaveras para inhalar el perfume de tu piel en sus flores y volaré en la nostalgia de los buenos tiempos. Aquellos que creí que no nos abandonarían.

Un día partiré de madrugada y no miraré atrás para no percibir en cada huella que deje que esos pasos dados no volveré a recorrerlos. Para no sentir la fuerza que me impulse al regreso y llorar en silencio la ausencia de tus besos, de las caricias que alimentaron mis deseos, de las horas en las que hablaron nuestros cuerpos. Me iré callado, sin reclamos ni reproches, me quedaré con la amarga realidad de haber sido abandonado sin un adiós, sin palabras, sin explicaciones que me digan que ha sucedido con lo nuestro.

Un día partiré de madrugada para no ver en tu rostro una mueca de desprecio, para no cruzarnos en la calle y sentir el impulso de preguntarte que hice mal sin proponérmelo. Para no pararme frente a vos y mirarte a los ojos, y que bajes la mirada para ocultar la verdad que no encuentro. Me iré para no decirte que jugaste con mis sentimientos, que pisoteaste mi amor que no ha muerto y es auténtico. Me iré para que no te sientas forzada a cruzar de vereda cuando la casualidad nos ponga en el mismo sendero y que puedas reír sin que mi tristeza te opaque algún festejo.

Un día partiré de madrugada hacia el final de mis días, caminaré en soledad y en silencio, con el dolor a cuesta, con los ojos enrojecidos por la sal de las lágrimas, con el rostro reseco por el viento, sin anhelos, con las manos vacías y el corazón enfermo. Caminaré cada minuto en busca del último paso, del final del aliento, del suspiro que eleve al cielo mi pensamiento. En ese hálito de vida irá mi ser hacia los brazos de Dios para que el me juzgue y me perdone por mis malos pasos en la tierra. Moriré con una oración en los labios y tu rostro feliz, el que recuerde en lo que quede de mi mente.

Luis Oscar Tolosa

sábado, 25 de agosto de 2007

DEL AMOR INTENSO A LA MORTAL INDIFERENCIA




El hombre de rostro duro y surcado por las arrugas del tiempo, de mirada cansada, de cabellos canosos, de traje negro, se sentó frente al ventanal del oscuro bar de construcción centenaria aunque refaccionado pocos años atrás, respetando su estilo de principios del siglo pasado. Afuera la fina llovizna le daba un triste color gris a la gran plaza central y a los edificios de varios pisos que se alzan en el centro de la ciudad. Es casi las cuatro de la tarde y la gente apura el paso bajo sus paraguas, y los autos transitan con precaución por el amplio y arbolado boulevard.

Por el vidrio de la gran ventana las gotas de lluvias realizan un serpenteante recorrido en descenso, y dejan tras de si un sinuoso camino que el hombre de rostro duro compara con su pasado. Pidió un café doble, cargado y una caña dulce. Encendió el último “Gitanes” de un paquete abierto ocho horas atrás. Apretó con fuerzas la etiqueta vacía con su mano callosa, rústica, de gruesos dedos que denotan el duro trabajo en el campo en sus años jóvenes. Abrió la mano y creyó ver en ese estrujado envase a su marchito corazón, y pensó que con la misma fuerza lo habían apretado los desamores de las mujeres que transitaron por su vida.

Próximo a cumplir los sesenta sentía el peso de vivir los últimos momentos de su existencia terrenal. Aspiró en profundidad el humo denso del cigarrillo de tabaco negro y sintió el ardor en el pecho. Exhaló con suavidad, con miedo, con la angustia que lo acompaña desde hace algún tiempo. Bebió un sorbo de café y otro de caña sin dejar de mirar hacia la calle a través del húmedo ventanal.
Su mirada se clavó en el Fiat Punto blanco que se detuvo delante de la agencia de turismo ubicada frente al viejo café, donde el hombre de rostro duro y cansado se agitaba de ansiedad. Vio en ella los cuatro años de amor intenso cuando por entonces parecía que nada los iba a separar; y también reavivó la desesperanza de cuatro más de angustia plena.

Ella bajó del auto y con paso apresurado ingresó por la puerta de blindex, caminó hacia el hombre de barba que la esperaba y la recibió con un beso, luego se dirigió hacia su escritorio y se sentó, como todos los días, frente a la computadora. Él bebió el café y apuró la copa de caña que quemó su pecho, y de nuevo sintió el ardor. Los ojos del hombre de rostro duro y cansado se humedecieron por el recuerdo y la impotencia ante el abandono y la soledad. Aplastó la colilla del cigarrillo en el cenicero, se levantó de la mesa, pagó y salió a la calle sin mirar hacia donde estaba la mujer que le rompió el corazón.

El hombre de rostro duro y mirada cansada cruzó la calle bajo la gris llovizna de la tarde y comprendió que una vez más había faltado a la promesa de no volver a ese café en ese horario para ver a quien le causó el último sufrimiento. La traición es un arma letal, lacerante, fulmina en el instante en que se descubre y deja abierta una herida profunda que delata, con el paso del tiempo, una marcada cicatriz. Pero la manera más efectiva que tiene una mujer para matar a un hombre duro es la indiferencia, el lento olvido, el desamor. Cuando el hombre de rostro duro y mirada cansada lo comprendió, se dirigía ya hacia su morada final.



Luis Oscar Tolosa

domingo, 10 de junio de 2007

"El Cuarto Rey Mago"



Adaptación para radio de "El viejo Muñíz me enseñó a andar en bici"

El viejo Muñíz se ocupó de mi toda una mañana para que yo pueda disfrutar de la bici, que esa madrugada habían dejado en la cocina de mi casa los Reyes Magos, junto al recipiente vacío del agua donde bebieron los camellos, y a los pocos rastros del pasto que los nobles animales comieron.

Por entonces, Rafael Muñíz que tendría unos cincuenta años, era un pintar de casas, y esa labor desempeñaba en la estancia en la que yo vivía. También tuvo el tiempo y la paciencia necesaria, que sumado a la cintura sana para doblarla y caminar de manera rápida a mi lado guiándome con una mano aferrada al asiento, hicieron posible que yo pueda dominar esas indomables dos ruedas.

La bici estaba ahí, reluciente, desafiante, a la espera de que pueda mantenerme sobre ella sin ir al piso, algo imposible para mis cinco años, cumplidos 29 días atrás.
¡Qué mezcla de inmensa alegría de tenerla y de ansiedad por usarla de manera correcta!, porque la primera hora la pasé haciéndola rodar sin subirme o con frustrados intentos de darles media vuelta al pedal apoyado en el frontón de la cancha de pelota a paleta..., para que en menos de un metro caigamos los dos al piso.

Fue entonces cuando el viejo Muñíz dejó de rasquetear con su espátula la ventana que iba a pintar y se dispuso a brindarme su ayuda. Lo recuerdo muy bien, me dijo... ¡a ver Luisito...yo te ayudaré a que logres el equilibrio!
Así comenzó la noble tarea de Muñíz, íbamos y veníamos, hasta el último árbol y regresábamos al frontón de la cancha. Siempre Muñíz caminaba rápido a mi lado, doblado por la escasa altura mía sobre la bici.

¡Así, así..., dále, dále..., pedaleá, pedaleá!, gritaba Muñiz, más entusiasmado por enseñarme los secretos de viajar en dos ruedas que por pintar la casa donde vivíamos...
Sin darme cuenta en un momento me separé de él, y con algunos movimientos ondulado respecto a la línea que debería llevar, llegué hasta el final del patio donde dábamos la vuelta y regresábamos al frontón...

¡Viste Luisito, fuiste solo hasta allí!, me gritó Muñiz mientras yo me levantaba y me sacudía la tierra de las rodillas y las manos...
¡No lo podía creer!, ¡había avanzado unos veinte metros solo!, sin la asistencia de Muñíz...¡Bien Luisito!, me alentaba el viejo.
Para el mediodía la bici ya era parte de mi cuerpo y un pasaporte de libertad, con ella podía ir hasta la tranquera de entrada, al taller de los tractores, a la herrería y hasta la casa que habitaban los peones de la estancia...

¡La felicidad era completa, podía disfrutar de la bici que me regalaron los Reyes!
Por este motivo, cuando me preguntaban cómo se llamaban los Reyes Magos yo decía: ¡Melchor, Gaspar, Baltasar y Muñíz!, porque él me posibilitó disfrutar de la bicicleta que los otros tres me regalaron.



Luis Oscar Tolosa

miércoles, 2 de mayo de 2007

POLVO CONTRA RELOJ...luego la soledad


No era la primera vez que compartían una cama de ese hotel media estrella, de los tantos que desde hace décadas se erigen en los alrededores de la terminal de ómnibus, desde los tiempos en que el cuartel de la ciudad reclutaba a ciudadanos de veinte años para cumplir con el servicio militar, y quienes eran los mejores clientes en sus salidas de franco, sea cuando regresaban de sus pueblos como cuando se aprestaban a partir hacia ellos.

-¡Apurate a acabar, no tengo todo el día!-, le dijo las mujer de unos treinta y algo al hombre cincuentón, calvo, de expresión melancólica, con aliento a treinta cigarrillos diarios. El detenía los embates cuando la eyaculación amenazaba con finalizar esos veinte minutos que llevaba sobre la inmóvil mujer. De inmediato ella se disculpó, consciente de que el anterior comentario no haría otra cosa que incomodar a su cliente que había pagado de manera anticipada los cincuenta pesos y el trabajo se extendería más allá de lo previsto.

Acarició su espalda y colaboró con un movimiento de caderas, el agradeció el gesto, apoyó sus manos sobre la sábana de dudable higiene que cubría al viejo colchón de lana apelmazada, los flejes de la cama de hierro crujían en cada impulso que el hombre imprimía para dejar que aflore la virilidad que una ocasional mujer le permitía ser un macho, un auténtico macho que no estaba solo en su cuarto masturbándose como tantas veces.
Estaba sobre una delgada mujer, de largas piernas abiertas y contraídas de manera que sus pies se ubicaban a la altura de sus rodillas; el largo y enrulado cabello negro cubría parte de la almohada. Acarició sus pechos, aún algo firmes porque no amamantaron hijos sino centenares de clientes.

Transpiraba en el esfuerzo supremo de conseguir el éxtasis pleno por el que había realizado una transacción comercial, el momento llegó con un gemido breve, algunos jadeos y luego el desplomarse sobre quien le había proporcionado ese placer fugaz. Ella trató de deslizarse por debajo de ese cuerpo para tomar sus ropas depositadas sobre la silla de madera y esterillas, de patas flojas por los años de uso.

-No te vayas aún, esperá un momento- suplicó con voz apagada por el cansancio el hombre calvo y transpirado que aún olía a desodorante barato, tan barato como el de la mujer. Giró su cuerpo, se dejó caer al lado de ella, retiró el condón del ya flácido pene, estiró un brazo con el que tomó el pantalón gastado del que extrajo la billetera y apartó un billete de cien pesos que le entregó con un pedido casi implorado.

-No te vayas aún, quedate una hora más conmigo, sin sexo, sólo a mi lado, abrazados-
Ella guardó ese dinero y accedió mientras pensaba que también pagaría por tener alguien que la escuche, la comprenda, le hable de hechos cotidianos y por sobre todo, que la ayude a mitigar las horas de soledad…, de esa soledad que comparten las prostitutas y los hombres que pagan por sus cuerpos.




Luis Oscar Tolosa